Aborto: Un debate infinito

Por: Annie Thériault

Las razones expuestas por quienes se oponen a la despenalización del aborto son varias y diversas, pero, aun así, la mayoría se apoya en la doctrina de la animación inmediata del feto establecida hace menos de un siglo, en tiempos del pontificado de León XIII. Según esta teoria católica, se atribuye condición de persona al óvulo fecundado, y se sostiene que la práctica del aborto vulnera el derecho de esta “persona” a la vida.

Latinómetro:

Se han producido iniciativas de reformas legales para cambiar las legislaciones nacionales incorporando nuevas causales o plazos para permitir abortos no punibles: Argentina.
Se cambiaron los códigos penales y las constituciones nacionales para eliminar el aborto no punible, o para amenazar con cambiar la legislación por otra más restrictiva: Nicaragua.
La aprobación del aborto no punible por plazos y por causales, como en México y Colombia, ha permitido que miles de mujeres hayan logrado ser atendidas en el sistema público.
El Senado y la Cámara de Diputados del Uruguay aprobaron el Proyecto de Ley de Defensa de la Salud Sexual y Reproductiva; sin embargo, en la sesión de la Asamblea General del Parlamento no se logró levantar el veto que el Poder Ejecutivo impuso al Proyecto, lo que evidenció la falta de compromiso de los políticos con la ciudadanía, pues 63% rechazó el veto presidencial.
La ONU ha aceptado peticiones de las organizaciones de mujeres y emitido resoluciones que demandan a los estados por negar el acceso al aborto no punible como una violación de derechos humanos.
En la región latinoamericana,
entre el 20% y el 30% de los embarazos y de las muertes maternas continúan ocurriendo en mujeres adolescentes, producto de las deficiencias de la educación sexual en las instituciones oficiales, de su falta de autonomía para evitar relaciones sexuales de riesgo, así como de la violencia sexual.

Fuente: Llamado a la Acción de la Campaña 28 de Septiembre.

Más allá de esta premisa ampliamente difundida en el mundo católico, creemos fundamental preguntarnos si la imperante criminalización o penalización del aborto en efecto salvaguarda el derecho a la vida.

En el Perú, el aborto está penalizado desde 1863, cuando fue aprobado el primer Código Penal. Varias décadas más tarde, el Código Penal de 1924 estableció como única figura no punible el aborto terapéutico, y el actual, promulgado en 2004, penaliza con pena privativa de la libertad no mayor de dos años o prestación de servicio comunitario todas las formas de aborto con excepción del terapéutico, e incluye como atenuantes el aborto eugenésico y el ético o sentimental.

Numerosas evidencias, sin embargo, dan cuenta de que, en nuestro país, el marco legal restrictivo no afecta el número de abortos inducidos: su práctica sigue siendo bastante común. Hace poco se los ha estimado en 376 mil por año, que habrían causado  directamente cerca del 7% de la mortalidad materna, y se han calculado en más de 60.000 las hospitalizaciones por complicaciones relacionadas con abortos inseguros. Consciente o inconscientemente, la mayor parte de los opositores a la despenalización desconocen esta realidad.

“En el Perú hay una confusión respecto de este tema. La despenalización se relaciona con la disminución de complicaciones vinculadas con abortos inseguros y de ninguna manera con el aumento o la aparición del aborto de forma masiva”, recuerda el doctor Miguel Gutiérrez, representante de Pathfinder International en el Perú y Ecuador y presidente del Comité de Alto Nivel de Derechos Sexuales y Reproductivos del Colegio Médico del Perú.

“Lo importante es entender que un marco legal restrictivo no impide ni disminuye el número de abortos, y que la despenalización no lo incrementaría. Más bien, esta medida le proporcionaría una mayor seguridad”, añade el especialista.

Riesgo real

De hecho, las actuales normas restrictivas sí ponen en riesgo a las mujeres, pues las obligan a recurrir al aborto clandestino, practicado a menudo por personas sin formación adecuada y en condiciones sanitarias deficientes. Peor aun: muchas, desesperadas, se practican el aborto a sí mismas, por ejemplo, tomando una dosis excesiva de medicamentos, o introduciéndose objetos tales como instrumentos para tejer.

“Las consecuencias físicas de un aborto clandestino pueden ser leves o más serias, como infecciones en el útero o en la trompas, infertilidad, dolor pélvico crónico, embarazos ectópicos (fuera del útero), hemorragias y perforaciones del útero. Algunas mujeres incluso mueren por este tipo de prácticas”, señala el doctor Gutiérrez.

“En cambio, un aborto hecho en condiciones seguras y con atención de calidad no está asociado con un riesgo creciente de cáncer de los senos, y no presenta riesgos para la futura salud reproductiva de la mujer”, agrega.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la tasa de mortalidad asociada con el aborto va de 0,56 muertes por cada 100 mil en los Estados Unidos (realizados en condiciones de legalidad) a 10 muertes por cada 100 mil abortos en el conjunto de los países desarrollados. En las regiones del mundo en vías de desarrollo, donde la práctica es ilegal, 350 de cada 100 mil abortos terminan con la muerte de la mujer, y en el África Sub-Sahariana esta proporción alcanza aproximadamente las 750/100 mil.

En cuanto a los riesgos psicológicos, la American Psychological Association (APA) precisa que el aborto no se asocia con un síndrome de estrés post-aborto, ni provoca la depresión o el suicidio de quienes se lo practican. Quienes sí experimentan problemas psicológicos son aquellas mujeres con traumas previos o quienes han sido obligadas a abortar por su pareja o un tercero. De hecho, hay mayores posibilidades de que una mujer sufra traumas psicológicos cuando el aborto que ella solicita le es negado que cuando se le practica por compasión.

“Una sociedad que no da  salud, vivienda y escuelas, es una sociedad abortiva”
Ivonne Guevara
Teóloga y religiosa brasilera
“La legalización no significa la afirmación de bondad, de inocencia y menos aun de defensa incondicional y hasta superficial del aborto como hecho, sino apenas la posibilidad de humanizar y adecentar una práctica que es común. La legalización es, apenas, un aspecto coyunturalmente importante de un proceso más amplio de lucha de una sociedad organizada sobre el aborto social de sus hijos y de sus hijas. Una sociedad que no tiene condiciones objetivas para dar empleo, salud, vivienda y escuelas, es una sociedad abortiva. Una sociedad que obliga a las mujeres a escoger entre permanecer en el trabajo o interrumpir un embarazo, es una sociedad abortiva. Una sociedad que continua permitiendo que se hagan test de gravidez (prueba de embarazo) antes de admitir a la mujer a un empleo, es una sociedad abortiva. Una sociedad que silencia la responsabilidad de los varones y sólo culpabiliza a las mujeres, irrespeta sus cuerpos y su historia, es una sociedad excluyente, machista y abortiva. Que aborta permanentemente la oportunidad de millones de niños en el mundo de tener una vida de cuidado de atención y de desarrollo.”

El caso de K. L., una peruana joven, fue realmente dramático. En el 2001, a pesar de los riesgos que ello representaba para su integridad física, se la obligó a llevar a término un embarazo de un feto anencefálico (malformación fatal). La muerte de la bebe, cuatro días después de su nacimiento, sumió a la muchacha en una profunda depresión.

“Se la obligó innecesariamente a culminar un embarazo cuyo desenlace fatal se conocía de antemano, y a afrontar un cuadro de depresión sin medir las severas repercusiones que esta enfermedad tiene para el desarrollo de una adolescente y para su futura salud mental”, concluyó en un informe Marta B. Rendón, médico-psiquiatra adscrito al Colegio Médico Peruano.

¿Pro-aborto?

No debemos caer en la trampa de los falsos debates ni en la de las preguntas falaces. Como bien explica la antropóloga Delicia Ferrando, el aborto siempre se presenta como una alternativa extrema. Nadie está “por” el aborto, y despenalizarlo no obliga a nadie a abortar. No se milita para el aborto, sino por el derecho al libre ejercicio de una maternidad voluntaria y a la determinación de la propia vida. No se celebra el acto, sino el derecho fundamental de toda mujer a la vida y a la libre decisión sobre su cuerpo, que está en el centro mismo de la promesa de la dignidad humana, la autodeterminación y la igualdad enunciada en la Declaración Universal de Derechos Humanos y garantizada en el artículo 6.º de la Constitución de 1993, que expresa que la política nacional de población reconoce el derecho de las personas a decidir.

“Las definiciones aceptadas de los derechos humanos abarcan el derecho a la autonomía del cuerpo. Por ejemplo, cada una de nosotras o nosotros tiene el derecho a no ser torturada o torturado, a rechazar tratamiento médico o a obtenerlo. El derecho a tomar decisiones en cuanto al aborto, el derecho a no quedar embarazada cuando no se quiere, es la misma clase de derecho a la autonomía”, señala la Red Latinoamericana de Católicas por el Derecho a Decidir.

La despenalización; ¿y luego, qué?

Si la despenalización del aborto reduce su número a largo plazo, no es un fin en sí. Basta para constatarlo dar una mirada a los Países Bajos, donde se registra la tasa más baja del mundo, especialmente gracias a una legislación no restrictiva pero también a condiciones favorables como una educación sexual universal, servicios de planificación familiar accesibles y facilidades para procurarse una contracepción de urgencia.

Más importante resulta garantizar el acceso a una educación sexual de calidad y a la planificación familiar, incluyendo los medios contraceptivos, asegurar la formación adecuada de los profesionales de la salud, así como la elaboración, aprobación e implementación de un protocolo de atención integral del aborto en todos los hospitales del país. En el caso del aborto terapéutico, el aludido protocolo debió ser implementado por el Ministerio de Salud en 1924, cuando se despenalizó este procedimiento en nuestro país.

El martes pasado, la comisión especial revisora del Código Penal acordó – por cuatro votos a favor y dos en contra – ampliar la despenalización del aborto en caso de embarazo producto de una violación, de un acto de inseminación artificial o transferencia de óvulo fecundado no consentidas y cuando el ser en formación pueda nacer con graves taras físicas o psíquicas.

Por otra parte, la congresista aprista y presidenta de la Comisión de Salud, Hilda Guevara Gómez, busca conseguir la aprobación de una ley que propone establecer un marco legal que dé estabilidad programática y un presupuesto a las políticas de salud sexual y reproductiva, pero que no incluye la posibilidad de despenalizar el aborto.

“En teoría, quisiéramos que no ocurriera ningún aborto y que todos los embarazos fuesen deseados, pero para eso hay que invertir en la prevención”, precisa el doctor Gutiérrez.

Queda pues claro que lo ideal sería que las mujeres nunca tuvieran que recurrir al aborto. Sin embargo, sería también ideal que no se vean obligadas a hacerse abortos clandestinos con personas poco capacitadas y por lo general en condiciones inseguras. El 28 de septiembre de cada año es una referencia pertinente que apunta a recordar y evitar en el futuro la tragedia de miles de peruanas que se enfrentan al dilema ético y a la alternativa extrema de un aborto clandestino, y a la posibilidad de morir por hacerlo en condiciones inhumanas.

Rojo: El aborto es ilegal en todas las circunstancias o se permite únicamente para salvar la vida de una mujer  Rosado: El aborto se permite legalmente solo para salvar la vida de una mujer o para proteger su salud física.  Amarillo: El aborto se permite legalmente solo para proteger la salud mental de la mujer.  Azul: El aborto se permite legalmente por razones socioeconómicas.  Verde: No hay restricciones en cuanto al acceso al aborto.

Rojo: El aborto es ilegal en todas las circunstancias o se permite únicamente para salvar la vida de una mujer Rosado: El aborto se permite legalmente solo para salvar la vida de una mujer o para proteger su salud física. Amarillo: El aborto se permite legalmente solo para proteger la salud mental de la mujer. Azul: El aborto se permite legalmente por razones socioeconómicas. Verde: No hay restricciones en cuanto al acceso al aborto.

La despenalización en debate

La comisión revisora del Código Penal que viene trabajando desde hace varios años en el anteproyecto de un nuevo Código Penal, acordó —por cuatro votos a favor y dos en contra— despenalizar el aborto en los siguientes supuestos:

- Aborto por violación

- Aborto en caso de inseminación artificial o de transferencia de óvulo fecundado no consentido y;

- Aborto eugenésico.  En este último supuesto aunque lo acordado por la comisión no lo especifica, según Rosa Mavila miembro de la comisión, el aborto eugenésico que se pretende despenalizar está referido sólo a casos de graves malformaciones físicas o psíquicas, como el de los fetos sin cerebro (anencefálicos), que indefectiblemente van a morir dentro o fuera del útero materno.  Para el Código Penal vigente hay aborto eugenésico…” cuando es probable que el ser en formación conlleve al nacimiento graves taras físicas o psíquicas, siempre que exista diagnóstico médico”.

La actual legislación considera delito todas las interrupciones del  embarazo salvo el denominado terapéutico, que se realiza para salvar la vida de la mujer o para evitar “en su salud, un mal grave y permanente”.  Sin embargo,  su práctica está obstaculizada por  la exigencia innecesaria de un protocolo de atención.

A favor de la propuesta votaron Rosa Mavila, miembro de la Junta Directiva del Colegio de Abogados de Lima (CAL); Víctor Prado, representante del Poder Judicial; Luis Bramont, de la Asamblea Nacional de Rectores, y Ricardo Váscones, del Ministerio de Justicia.

No se trata de una ley, sino apenas de una propuesta de la Comisión revisora del código que ha sido aprobada por mayoría y lamentada por su presidente, y que deberá ser presentada al Congreso para su aprobación en el marco de otras iniciativas como la de la  eutanasia.

Existen poderosas razones no sólo para despenalizar,  sino legalizar el aborto sin tener que entrar al debate de si hay vida o persona en un feto de 1 o 18 semanas. El aborto clandestino y la muerte de miles de mujeres en el mundo es una realidad que por la frecuencia con la que se practica ha derrotado la penalización y ha demostrado que no es esa la vía para evitarla.  En este debate no hay verdades,  sólo una realidad que es preciso enfrentar con decisiones políticas desde la convicción en la laicicidad del  Estado.

Promover la despenalización del aborto o su legalización, no es apoyarlo ni mucho menos aplaudirlo, se trata simplemente de una respuesta a un problema que mata miles de peruanas anualmente y la única solución es que el Estado esté en capacidad de atender con calidad y gratuidad la interrupción voluntaria del embarazo, además de brindar educación sexual y distribuir masiva y gratuitamente métodos anticonceptivos eficaces. Una política que iguale, porque todos los días se realizan abortos en condiciones de salubridad confiable para las mujeres que pueden costearlos,  mientras que las mujeres que no tienen recursos se exponen a situaciones de insalubridad que ponen en riesgo su vida.

Por eso: educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir (Pilar Aguilar).

Annie Thériault: cooperante canadiense en IDL.

Fuente: http://www.revistaideele.com/node/548

http://alainet.org/active/33850

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