El poder de una tesis. Richard Webb. El Comercio de 7/09/09

En 1978 un joven piurano, Gabriel Gallo Olmos, cursaba su último ciclo de estudios de administración en la Universidad Nacional de Piura.

Había llegado la hora de idear un proyecto de tesis y así cumplir el requisito final para ser bachiller. Un amigo que estudiaba en Buenos Aires le contó del apremio que había tenido un día en esa ciudad, y cómo se había salvado recurriendo a un banco municipal, donde pudo prendar su reloj.

Gallo se entusiasmó con la idea de proponer la creación de un banco municipal en Piura como tesis académica, y se puso a trabajar de inmediato, buscando datos de otras experiencias.

Sin biblioteca y sin Internet, tuvo que recurrir a cartas a embajadas y entidades en el extranjero.

Apenas terminó la tesis, interesó al alcalde, don César Cárdenas, y la presentó a una reunión especial del Concejo Provincial.

Un regidor, abogado y ex funcionario del Ministerio de Economía, Ramón Abásolo, movilizó a sus contactos en Lima hasta que finalmente lograron la firma del ministro (que por suerte era piurano) Silva Ruete.

El decreto autorizaba la creación, no de un banco, pero sí de una caja municipal, y la primera en crearse, en 1982, fue la de Piura.

Sin perder tiempo, Gallo se había dedicado a gestionar ayuda, mandando cartas a diversas embajadas, sobre todo de países con tradición de cajas municipales o regionales.

España lo invitó a visitar las cajas españolas, pero fue Alemania la que envió un equipo de asesores.

Durante diez años los alemanes, dirigidos por Claus Peter Zeitinger, trabajaron codo a codo en las minúsculas cajas que fueron apareciendo en distintas ciudades, imprimiendo una disciplina y metodología estrictas.

Inicialmente, las cajas no eran más que casas pignoraticias, donde se llevaban prendas de oro y plata, pero con el tiempo se fue descubriendo la manera de prestar sin prenda a los vendedores de mercado y a otros microempresarios.

Hoy, la semilla que puso Gallo se ha convertido en un sistema gigantesco con doce cajas, dos mil millones de dólares de préstamos y medio millón de clientes, casi todos microempresarios. Y las cajas peruanas son un modelo en el mundo de las microfinanzas.

A los 21 años, con una mera tesis de bachiller, Gabriel Gallo Olmos cambió el mundo.

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