Franco vive. Miguel Riera. El Viejo Topo nº 268, Mayo 2010

Lo ha dicho Jiménez Villarejo: un sector de la judicatura es un instrumento del fascismo español contemporáneo. Lo diré yo de otra manera: el franquismo ha sobrevivido en nuestra sociedad y en las instituciones. Está vivito y coleando.
No me refiero, aunque podría, al asunto del Estatut, que daría para un número completo de esta revista, ni a lo de Egunkaria, caso en el que años después se declara lo que todos sabíamos desde el principio. Me estoy refiriendo, claro, al asunto Garzón.
Destacados miembros  de la cúpula judicial han acusado de intentar desprestigiar al Tribunal Supremo cuando se apoya decididamente a Garzón. No deberían preocuparse: para desacreditar al Tribunal se han bastado sus miembros; ellos solitos, por ejemplo al admitir una querella de Falange Española contra el juez por frases contenidas ¡en un auto! Con claridad se ha puesto en evidencia la voluntad de algunos de perseguir, hasta lograr la inhabilitación, al juez del caso Gürtel.
Como guinda, sólo faltaban las palabras de la patética señora Cospedal, acusando de ataque a la democracia a los actos de apoyo a Garzón. ¿Sabrá esa señora en qué consiste la democracia?
La democracia, señora Cospedal, es cosa distinta de la que lleva usted en su cabeza. Democracia no es desmemoria. Democracia no equivale a ley del silencio. Criticar lo que hijos y nietos de criminales tratan de hacer para ocultar los crímenes de sus antepasados no tiene nada que ver con la idea de democracia.
Porque ese es el meollo de la cuestión (además de cargarse a un juez que husmea donde, a juicio de los corruptos, no tendría que meter la nariz): hijos y nietos no quieren que se diga que sus abuelos y sus padres son responsables de miles de muertos y desaparecidos, no en la guerra, sino en una larga posguerra. No quieren que se difunda que como mínimo 12.000 niños fueron secuestrados por las autoridades franquistas en esa posguerra y entregados a familias de “bien” del régimen, para que tomaran ejemplo y se convirtieran en “buenos españoles”. No quieren que se diga que, acabada la guerra, continuaron las “sacas” en las cárceles, los asesinatos “legales” tras juicios sumarísimos en los que los acusados estaban condenados de antemano. Pretenden ofrecernos una imagen de “dictablanda”, en un pasado ya muy lejano, y en todo caso si se cometieron atrocidades, lo fueron por ambos bandos. Un argumento, este último, impulsado por los medios de comunicación simpatizantes con los herederos del franquismo, que ha obtenido cierto eco en esta sociedad nuestra cada vez más amnésica.
Y es un argumento falaz. Primero porque no es lo mismo atacar que defenderse, no puede medirse con la misma vara la acción que la reacción. Y segundo, porque los crímenes -que los hubo- acontecidos en el bando republicano fueron cometidos durante la guerra, y no después, y además fueron juzgados y sentenciados. Con creces. Los no juzgados ni sentenciados fueron los crímenes de los vencedores de la contienda, que ahora intentan evitar, no ya que sean juzgados retroactivamente, que no es el caso ni nadie lo pretende, sino que ni siquiera se mencione que esos crímenes existieron.
Y eso no. Por ahí no podemos pasar. Y por eso apoyamos y defenderemos a Garzón. Porque, en contra de lo que opina la señora Cospedal, defender a Garzón es defender la democracia. Mal que les pese.
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