DIGAMOSLE NO A LA SEGREGACIÓN RACIAL!!. Por: Arturo Manrique Guzmán. Sociólogo Villarralino

Estimados amigo(a)s:

Como la mayoría de ustedes saben, no soy chauvinista, ni nada parecido… Todo lo contrario, soy un convencido de la necesidad de integración de los pueblos y de la construcción de una sociedad plural y cosmopolita, que trascienda los límites del estado – nación y opere a través de sistemas globales de comunicación, que configuren nuevos sentidos y formas de vida para las generaciones futuras. Por lo mismo, considero un deber apoyar la lucha de nuestros hermanos latinos por el derecho a emigrar y a construirse un futuro aquí o en cualquier parte del mundo. Hace unos días una hermosa niña peruana, Daysi Cuevas, nos dio el ejemplo, al enrostrar a la “primera dama” norteamericana –y, por su intermedio, al mundo- la situación en que viven millones de inmigrantes latinos en el país del norte, cuyos derechos más elementales se ven amenazados por leyes racistas y reaccionarias, como la que recientemente se acaba de poner en vigencia en el estado de Arizona (Ley antiinmigrante SB 1070), cuyo autor es el senador republicano RUSSELL PEARCE, que ya anuncio una nueva iniciativa de ley para no conceder la ciudadanía norteamericana a los hijos de inmigrantes nacidos en el país…

En realidad, el gran inspirador de este “retorno a la barbarie” es el senador republicano JAMES SESENBRENNER, autor de la HR 4437, proyecto de ley que ya ha sido aprobado en la Casa de Representantes, en virtud de la cual 11 millones de inmigrantes indocumentados –por cierto todos o la gran mayoría latinos (y, de estos, más de 600,000 peruanos)- corren el riesgo de ser tratados como criminales, castigándose además a cualquiera que les provea asistencia, es decir LA PRÁCTICA, EL EJERCICIO DE LOS DERECHOS HUMANOS EN FAVOR DE LOS INMIGRANTES TAMBIÉN ESTA SIENDO CRIMINALIZADA POR ESTE TIPO DE LEYES XENÓFOBAS. Por si fuera poco, este proyecto de ley ordena la construcción de un MURO DE HIERRO entre EEUU y México; lo que ya viene ocurriendo. Ahora bien, ¿quién es este señor SESENBRENNER, abiertamente racista, para quien todo inmigrante –por el solo hecho de serlo- es un “criminal”, un “terrorista”, palabras que son recurrentes en sus declaraciones? Además de representante del estado de Wisconsin por el Partido Republicano, este señor ES EL DUEÑO DEL GRUPO DE EMPRESAS KIMBERLY CLARK, una multinacional con presencia en casi todos los países del mundo, incluido Latinoamérica, que en nuestro país comercializa productos como KLEENEX, SCOTT, HUGGIES, DEPEND PLENITUD, AMIGA, KOTEX, SCOTT y SUAVE, entre otras marcas de pañales de bebés y adultos, toallas higiénicas y artículos de limpieza.

Los cables anuncian que cinco estados más, entre ellos Rhode Island, están por aprobar leyes similares en los EE. UU… Eso se llama RACISMO, SEGREGACIÓN, FASCISMO, así con mayúsculas. Es el retorno a la cultura del GUETTO, al APARTHEID. ¿Qué dicen las “instituciones globales” sobre esto? ¿Se ha pronunciado la ONU? ¿La OEA? ¿Qué dice el Banco Mundial? ¿El BID? ¿El FMI? ¿La OMC? ¿La Unión Europea? ¿Ha habido algún pronunciamiento de OIT? ¿Y qué dice UNICEF? Cierto, algunos dirán que no está dentro de su ámbito de competencia, que el rol de estas instituciones es velar por la democracia y el libre comercio, etc. Como sociólogos, sabemos esto y mucho más sobre estos temas, así que no pecamos de ignorantes ni de ingenuos al plantear estas interrogantes… Pero aquí se están violentando los derechos humanos más elementales, no sólo de los adultos, sino también de los niños… Lo que pasa es muy sencillo, se globaliza el comercio, las instituciones financieras… Y, en la medida de ello, también lo hace la “democracia formal”, como sistema de gobierno (lo que en absoluto tiene que ver con la democratización de la sociedad y, menos aún, de la vida cotidiana…) y como “garantía” a los derechos de propiedad, sobre todo de los grandes inversionistas… Pero NO SE GLOBALIZA EL TRABAJO. Subrayo esto porque no se puede hablar de ECONOMÑÍA GLOBAL si uno de sus componentes, mejor aún uno de los pilares de toda economía, EL MERCADO DE TRABAJO, no se encuentra globalizado y más bien existen fuertes resistencias dentro de las “economías desarrolladas” (EE.UU, Unión Europea, etc.) para que ello ocurra. La Ley de Arizona es una muestra de ello, por cierto de las más retrogradas.

No se puede hablar de SOCIEDAD GLOBAL sin ECONOMÍA GLOBAL y tampoco esta puede existir si no hay un MERCADO DE TRABAJO GLOBAL. Y son precisamente los “impulsores” de la globalización –reducida a “apertura de mercados”- los responsables de este estado de cosas, incluidas las “instituciones globales” mencionadas anteriormente. Ulrich Beck distingue entre “globalización” y “globalitarismo” para dar cuenta de esta realidad. Lo globalitaristas son aquellos que reducen la sociedad a la economía y ésta al “dominio del mercado mundial”. Pero es sólo eso, ideología, porque si fueran coherentes SE ABRIRÍAN TAMBIÉN LAS FRONTERAS LOS “PAÍSES DESARROLLADOS” AL MERCADO DE TRABAJO GLOBAL… Sería su gran contribución a una verdadera globalización Eso, como acabo de decir, no existe. La “globalización” que proclaman los “globalitaristas” o “neoliberales”, como dice Bauman, está diseñada para satisfacer los sueños y deseos de los turistas; pero su contraparte o “efecto colateral” (no “efecto perverso”, no “efecto no deseado”) es la transformación de muchos más en vagabundos, es decir viajeros, inmigrantes, con las mismas aspiraciones y sueños, como forma de vida humana aceptable, a los que se les niega el derecho a transformarse en turistas, con todos los derechos y prerrogativas que ello conlleva. ¿Acaso las leyes migratorias no condenan al inmigrante a ser un vagabundo perpetuo, sin destino ni lugar fijo donde vivir, ni donde hacer valer sus derechos? No sólo eso, a decir del Senador SESENBRENNER, los convierte en “criminales”, “terroristas”. Por un lado está el estigma –cualquier inmigrante podrá ser intervenido por la policía y las autoridades de migraciones solo por su apariencia física o color de piel-; por el otro, está la ley y otros mecanismos discursivos que, lejos de reflejar la realidad o de interpretarla, tratan de modelarla, modificando las percepciones y comportamientos de los “nativos” norteamericanos (que, con excepción minoritaria de los indios, todos son migrantes de segunda, tercera, cuarta… generación), a efectos de criminalizar y segregar al latino. ¿No es eso lo mismo que hizo Hitler al inicio con lo judíos? El siguiente paso de la POLÍTICA DE SEGREGACIÓN, ya lo sabemos, es el exterminio, la limpieza étnica, tal como lo evidencia la historia.

Obviamente, espero que eso no pase y que al final se imponga la cordura, la razón, en el buen sentido de la palabra. ¿Pero quién hace justicia? ¿El congreso de los EE. UU., con su mayoría republicana? ¿Las “instituciones globales”? Es hora de poner a prueba eso que Nancy Fraser, Amartya Sen, Martha Nussbaum, entre otros, han denominado como “justicia global”, que no sólo tiene que ver con promover los objetivos del desarrollo del milenio en los países pobres o en vías de desarrolllo, sino que persigue como objetivo último hacer más justa y humana la convivencia en la globalización. La justicia hoy no sólo es distribución, sino también reconocimiento. Axel Honneth nos recuerda –y concuerdo con él- que el reconocimiento es una categoría moral fundamental e influye de manera decisiva en las políticas distributivas. Una buena o mala distribución de los recursos y el acceso a servicios de salud y educación en la sociedad tiene que ver siempre con el respeto o consideración y valoración cultural que se tiene por las personas y grupos humanos. Cuando no existe este reconocimiento, el resultado obvio es la exclusión económica, política y social. Eso y mucho más es lo que está en juego con estas normas racistas. Pero volvamos al tema de la justicia global. Nancy Fraser ha propuesto dos principios institucionales que debe regir la justicia global. El primero, propone que “todo el que se vea afectado por una práctica social determinada debe tener voz y decidir sobre ella” (“all affected principle”). Y el segundo plantea que “todo el que está sujeto, en cualquier parte del mundo, a una estructura de gobernación (trasnacional, nacional o subnacional) que genera normas que se aplican coercitivamente, tiene que poder tomar parte en la toma de decisiones” (“all subjected principle”). ¿Cuántos de los Estados, gobiernos subnacionales y organismos internacionales aplican estos principios? Es claro que EE.UU., el país que se jacta por ser la “cuna de la democracia moderna”, no lo hace. ¿Qué diría Tocqueville si viviera hoy y presenciara todo esto? ¿Escribiría de nuevo “La Democracia en América”? Seguramente que no. ¿Y qué decir de las “instituciones globales”? ¿Qué decir de los gobiernos subnacionales (el estado de Arizona lo es)? Es evidente que estamos muy lejos de la justicia global y normas como las de Arizona no hacen sino alejarnos más. Es claro también que las “instituciones globales” no nos aproximan a la justicia global. Todo lo contrario, crean reglas y normas que muy pocos entienden y que la mayoría no conoce; pero que, sin embargo, afectan la vida y los destinos de millones de personas, echando al traste los principios institucionales mencionados anteriormente. Por lo mismo, son insensibles e indiferentes a normas como la SB 1070 y la HR 4437. El principio de actuación es el mismo, independientemente de cuál sea la intención: no se toma en cuenta a los millones de personas que se “benefician” o perjudican –es más lo segundo que lo primero- con la aplicación de estas normas.

¿Qué hacer frente a esto? Algunos consideran necesario construir una “esfera pública trasnacional” que, como su nombre lo dice, trascienda el estado – nación y las instancias subnacionales, teniendo como objetivo la realización de la “justicia global”. Yo concuerdo con esta propuesta que, a decir de Appadurai, exige un fuerte “trabajo de la imaginación”. Ciertamente, las tecnologías de la información y comunicación (TICs) y las migraciones masivas que caracterizan al mundo actual –y la de los hispanos en los EE.UU. es la más significativa- “parecen instigar (y, a veces, obligar) al trabajo de la imaginación”. La imaginación no es más una actividad especializada, propia de artistas, literatos o filósofos, sino que ha pasado a formar parte de nuestra vida cotidiana. Y la migración es fruto de ello. Cada vez son más las personas que, con la ayuda de los medios electrónicos, imaginan la posibilidad de que, en un futuro próximo, ellos o sus hijos se irán a vivir o a trabajar a otros lugares, lejos de donde nacieron; y, de hecho, muchos ya lo vienen haciendo; lo que genera la existencia -dependiendo de las circunstancias- de “diásporas de la esperanza” (los que salen en busca del progreso de sus familias), “diásporas del terror” (los que huyen de las guerras) y “diásporas de la desesperación” (los que huyen de la pobreza). Por lo mismo, la imaginación ya no puede ser confundida con la fantasía, sino que más bien está asociada a la agencia y provee de sentido a la acción individual y colectiva. El consumo de los medios masivos de comunicación no es, como a veces se cree, una actividad pasiva, sino que produce resistencia, ironía, selectividad, es decir, diversas formas de respuestas y de reacción frente a los mensajes que trasmiten; lo que supone una agencia. Son estas reacciones y respuestas las que, en tanto que son compartidas por distintas personas y grupos humanos, configuran una “comunidad de sentimiento”, que hace posible a su vez imaginar cosas de manera conjunta, como colectivo, produciéndose así el paso de la imaginación compartida a la acción colectiva.

El Internet, las redes sociales, los blogs, etc., facilitan este trabajo de la imaginación, favoreciendo el desarrollo de “esferas públicas en diáspora”, que son resultado de la convergencia de los medios electrónicos con los movimientos migratorios, a todo nivel; lo que, citando una vez más a Appadurai, genera un “nuevo sentido de lo global como lo moderno y de lo moderno como lo global”. Paradójicamente, el país “más globalizado del mundo” es el que se opone a esta globalización, esta si verdadera, real, que no hay que confundir con “globaltirismo”, en el sentido mencionado anteriormente. Para ser justos, son los sectores más conservadores y reaccionarios del país del norte los que se oponen; no el pueblo norteamericano, que está lleno de tradiciones democráticas que, estoy seguro, terminarán por prevalecer. Pero para que ello ocurra es necesario que las “esfera públicas en diáspora” –de peruanos, colombianos, mexicanos, ecuatorianos, chilenos, etc.- converjan entre sí. Y no sólo en los EE.UU., donde ya existe una “comunidad hispana” más o menos lograda, que ha estado muy activa en los últimos días, sino también en nuestros países. ¿Cómo hacerlo? Hay muchas maneras que prefiero no detallar, a efectos de no extenderme más. Una de ellas es precisamente la iniciativa que se adjunta, a la que me sumo y aliento a que Uds. también lo hagan. Aquí no hay un sentimiento chauvinista, ni un “antiimperialismo” solapado, ni mucho menos un sentimiento antinorteamericano. Nada más lejos de eso. De lo que se trata es de SANCIONAR A UN INDIVIDUO, el Senador SESENBRENNER, que hace mal uso de su representación para promover el racismo y la xenofobia en su país; lo que, de no detenerse a tiempo, puede tener consecuencias imprevisibles en el futuro. Este señor comercializa en todo el mundo, incluido nuestro país, productos de limpieza e higiene personal. Y no sabemos si como consecuencia de ello, o más bien como motivación subyacente de su vocación empresarial, se cree con derecho de promover políticas de SEGREGACIÓN RACIAL y de LIMPIEZA ÉTNICA (¿profilaxis racial?), criminalizando y persiguiendo a los latinos tan solo por su apariencia física. ¡¡¡NO PODEMOS POR ELLO ADQUIRIR ARTÍCULOS QUE, EN SU ORIGEN, TIENEN LA MANCHA DEL RACISMO  Y LA XENOFOBIA!!! ¿En qué medida este tipo de acciones pueden afectar los bolsillos y los intereses de este tipo de personas o hacerles cambiar de opinión? No lo sabemos. Pero es un tema de principios. Y una manera además de hacer “justicia global”. Al fin y al cabo, es otra manera o una forma distinta de promover el “comercio justo”… Saludos a todos.

Arturo Manrique.

Cel: 01 – 992799511

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Un comentario en “DIGAMOSLE NO A LA SEGREGACIÓN RACIAL!!. Por: Arturo Manrique Guzmán. Sociólogo Villarralino

  1. indudablente es lo q aun falta por globalizar…sic

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