Maritza: la pharmakói. La República del 4/07/2010. Por Rocío Silva Santisteban

Cuando se capturó a Abimael Guzmán, quienes pensábamos que el líder senderista estaba muerto y solo se mantenía su nombre como fetiche para sus seguidores, nos quedamos sorprendidos. Vimos por TV a un tipo bastante acabado, defendido por una mujer con una pequeña “bandera” y que, en conversación con el general Vidal, aseguraba que todo pasaría menos “esto” mientras señalaba su cabeza. Guzmán, hegeliano al fin de cuentas, asumía con ese gesto la derrota. Pero una pregunta nos inquietaba: ¿realmente esa persona, que no parecía singularmente destacable, había puesto en jaque al país?, ¿ese era el famoso “Puka Inti”? Era casi inverosímil que un hombre ni especialmente inteligente, ni buen orador, hubiera logrado organizar toda esa violencia que conllevó la muerte de miles de peruanos (recordemos solo a Lucanamarca y Huamanquiquia, como maldito ejemplo). 

Pero también, junto con Guzmán, fueron detenidas varias mujeres; sin embargo fue una de ellas quien logró la mayor atención de la prensa: Maritza Garrido Lecca. ¿Por qué ella? Se trataba de una joven de clase media alta, con una educación en colegios privados y en la Universidad Católica, muy bella, de rostro apacible, además bailarina de danza moderna, y tenía un pasado de cristiana comprometida. La dulzura de su rostro y de su voz contrastaba con la idea de la “senderista” que los medios difundían desde que José Gonzales, de Caretas, escribió el primer artículo sobre el tema en 1983: cruel, dura y quien daba “el tiro de gracia”. Maritza era la antítesis del estereotipo. Por eso, le fue peor.

Precisamente en Caretas se publicaron de ella, fotos anteriores a la captura, incluso algunas con su ex enamorado, poeta, amigo mío, quien le dedicó una Chanson d’amour ventilada por todos lados (ese poeta tuvo que salir del país, exiliarse para no ser arrestado, alguien que no tenía más culpa que escribir un poema de amor). Todos los medios le dieron una cobertura impresionante e incluso el genial John Malkovich hizo ¡¡una película!! Martiza Garrido Lecca se convirtió en un símbolo negativo y, como diría René Girard, en una de los pharmakói de este conflicto.

Pharmakós es, en la cultura griega, aquel ritual mediante el cual se debe sacrificar a alguien para purgar las tensiones acumuladas durante tiempos especialmente violentos en la polis. El ritual de liberación consistía en una procesión durante la cual el pharmakói era sometido a distintas agresiones: le escupían, insultaban, le golpeaban los genitales con cebollas o higueras y luego, finalmente, era lapidado. Posteriormente, su cadáver era quemado y sus cenizas esparcidas. Para los griegos, la única manera de poder seguir adelante con la convivencia social era sacrificando violentamente al pharmakói para que el Mal sea expulsado de la comunidad.

Garrido Lecca y otras —Berenson, por ejemplo— han cumplido con este papel entre nosotros: se ha exacerbado su protagonismo cuando, en realidad, no lo tienen. Sus roles han sido periféricos, pero, en el imaginario, concentran la responsabilidad sobre el daño que se causó. Por eso se les grita, se les escupe en los medios, se las lapida simbólicamente. Hay otras dirigentes de Sendero Luminoso que, cumpliendo papeles mucho más activos, están ahora caminando por la calle pero no son mediáticas, no son el pharmakói, tuvieron la suerte de pasar al anonimato, nadie les tiene miedo, ni la opinión pública se coge de esas figuras para alimentar su hybris, su cólera, su sed de venganza.

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