Gansos voladores, patentes y educación. Por Humberto Campodónico. La República, 2/10/2010

Uno de los enfoques que explica el éxito de los países asiáticos dice que, poco a poco, ciertas líneas de producción de bienes se trasladan desde los países más industrializados a otros que los siguen en esa senda, propiciando una nueva división internacional del trabajo. En este enfoque de los “gansos voladores” siempre hay un “ganso líder” (en este caso, fue el Japón), seguido por otros, según su estadio de desarrollo, lo que hace que “vuelen en forma de una V invertida”. Cuando el “ganso líder” avanza hacia industrias más sofisticadas situadas en la frontera del conocimiento técnico y se aleja de la bandada, entonces otro –u otros– ganso ocupa su lugar en la producción, mientras que la retaguardia avanza hacia la mitad de la fila.

Y así. Más allá de las críticas a este enfoque, sí quedan fuera de toda duda dos elementos centrales: 1) que los países asiáticos avanzaron hacia la producción de bienes industrializados con una política de activa alianza entre el Estado y los principales grupos empresariales (los “keiretsu” japoneses y los “chaebol” coreanos). 2) Hubo una fuerte inversión en investigación y desarrollo (I&D), lo que también estuvo presente en los países que se industrializaron en los Siglos 18 y 19. En el siglo 20 eso se dio en Japón, el sudeste asiático (Corea del Sur, Taiwán-China, Malasia y Singapur) y, más cerca, China e India. En América Latina no ha existido un “ganso líder”. Pero sí ha habido esfuerzos por acelerar la inversión en I&D para avanzar hacia la frontera. Así, del 2000 al 2007, dice la Red de Indicadores de Científica y Tecnología Iberoamericana que en México se otorgaron 58,000 patentes, seguida por Brasil con 29,500. (Nota: en EEUU hubo 13 veces más patentes que en todos los países mencionados). Cuando se ven las patentes por origen, en Brasil las de los nacionales son mucho más numerosas que en México, lo que se atribuye a la fuerte presencia de EEUU (las “maquiladoras”). Incluso en Argentina el número de patentes nacionales supera a las mexicanas. En Chile y Perú, la cantidad total es mucho más pequeña y las extranjeras también superan ampliamente a las nacionales (las empresas extranjeras solo “registran” aquí sus patentes). Anotemos, también, que en Chile hubo 465 patentes nacionales, mientras que en Perú solo hubo 99. O, lo que es lo mismo, nos ganan por más de 4 a 1. Para terminar, queda claro que en la Región no ha habido “gansos líderes”.

También que las políticas de industrialización orientadas (tanto hacia la exportación como al mercado interno) tienen que ser políticas activas y, además, estar acompañadas de la I&D necesaria para avanzar hacia la frontera del conocimiento. Aquí eso brilla por su ausencia, sobre todo porque se privilegia la exportación de materias primas, en detrimento de los sectores productivos (incluso se entrega el mercado interno). Esa es una de las principales razones explicativas del escaso interés en la educación (incluida la superior) y de la escasa I&D de los industriales nacionales (lo que afecta directamente a las universidades). Salvo mejor parecer.

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