El hijo y el abogado de Sakineh Ashtiani, detenidos. ANTONIO JIMÉNEZ BARCA. El País – París 11/10/2010

Irán arresta a los dos hombres junto a dos periodistas alemanes que los estaban entrevistando.- La mujer condenada a muerte pierde todo contacto con el exterior

Sajjad Ghaderzadeh, el hijo de Sakineh Ashtianí -la mujer iraní condenada a la lapidación por adulterio- y su abogado, Javid Houtan Kian, se encuentran desde el domingo en paradero desconocido, probablemente detenidos por el Gobierno. También los dos periodistas alemanes que los entrevistaban. Así lo asegura el Comité Internacional contra la Lapidación. Ese día, Mina Ahadai, portavoz de ese comité, por teléfono desde Fráncfort, servía de traductora a la entrevista que se desarrollaba en el despacho del abogado, en Tabriz, la localidad en cuya prisión está Sakineh desde hace cinco años. Iban por la tercera pregunta cuando Ahadai comenzó a escuchar gritos por el teléfono. “¿Qué pasa?”, chilló. No consiguió que nadie le respondiera.

“Desde entonces hemos perdido todo el contacto con Sajad y con Javid. También con los periodistas alemanes. No sabemos dónde están ni qué ha sido de ellos, pero sospechamos que han sido detenidos”, explicaba Maryam Mamazie, miembro de la organización Solidaridad con Irán, próxima al Comité Internacional contra la Lapidación. Teherán sólo ha confirmado la detención de dos personas “que entraron con visado de turista y que querían entrevistar al hijo de Sakineh”, sin precisar la nacionalidad de los informadores, informa Reuters.

No sólo se teme por la suerte de estas cuatro personas. También por la de quien les reunió: Sakineh Ashtianí. Su hijo y su abogado constituían el único y hilo que unía a esta mujer encarcelada con el resto de la sociedad. Sin ellos, será muy difícil saber qué le ocurre, cuál será su destino. “Es un error, una falta irreparable y absurda”, ha asegurado el filósofo y escritor francés Bernard Henry-Levy, el intelectual más comprometido con esta causa desde su web Le régle du jeu.

La situación legal de Sakineh, de 43 años, es confusa. Tras saberse en julio de que había sido condenada a morir lapidada por adulterio, la Comunidad internacional se movilizó. En septiembre, después de múltiples manifestaciones y condenas, Irán anunciaba que la mujer no moriría lapidada. Pero pocos días después, aseguraba que lo haría ahorcada, condenada por asesinato, acusada de haber participado en el crimen de su marido. Irán acusaba el golpe de la presión internacional pero demostraba que no estaba dispuesto a ceder del todo y, de cara a su población, hacía ver que no estaba dispuesto a obedecer órdenes de organismos extranjeros.

Koutan Kian, el abogado detenido el domingo, advertía hace sólo unos días a EL PAÍS a través de un correo electrónico que su defendida en ningún momento había sido procesada por asesinato, que su condena por lapidación y esta nueva imputación no tenían nada que ver y que todo consistía, en resumen, en una maniobra del Gobierno iraní que, a la postre, resultaba muy peligrosa para la mujer. El abogado aseguró que el expediente de la lapidación seguía en marcha y recordó dos entrevistas en la televisión iraní en las que una mujer con la cara completamente cubierta, a la que identificó con Sakineh, aseguraba haber participado en el crimen de su marido junto con su primo y de haber tenido con éste una relación extramatrimonial. Se trataba de una confesión pública en toda regla. Desde hace más de 15 días, ni los hijos de Sakineh ni su abogado han podido visitarla.

Que la detención se produzca en medio de una entrevista es sintomático del cada vez más férreo cerrojo que el régimen iraní aplica a la prensa, sobre todo desde las elecciones del año pasado. Entonces expulsó al corresponsal de la BBC. Ahora lo hace con la de EL PAÍS, Ángeles Espinosa, a la que ha dado 15 días para que abandone Irán. Mientra tanto, el jefe de la diplomacia española, Miguel Ángel Moratinos, ha comenzado las gestiones para evitar la expulsión de Espinosa. El ministro ha hablado con el embajador iraní en España, Morteza Saffari Natanzi, y tenía previsto llamar a su colega iraní, Manoucher Mottaki, para tratar de hallar una solución al asunto.

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