Matrimonio homosexual: ¿Oportunismo electorero?

PorErnesto Toledo B.

Arde Troya, Perú Posible se monta en él,  Cipriani grita, es el plan de Toledo, a Bruce le dicen loca, el pastor Lay le da la espalda, PPK duda pero acepta y Kenyi la hace suya. Hablamos de la unión civil libre, donde personas del mismo sexo también puedan formalizar ante el Estado y de ese modo adquirir derechos por vivir juntos; ello no pasaría de ser exigencia de un derecho si no fuera por el juego electoral: la captación del voto de gays y lesbianas.

Los medios de comunicación lo llaman hasta el hartazgo “matrimonio” o simplemente “boda”, atrayendo el morbo de una sociedad todavía intolerante como la peruana. El hijo menor del dictador, Kenyi Fujimori, no encontró mejor manera de cautivar al electorado homosexual que permitir la unión civil e incluso la posibilidad de que parejas homosexuales opten por adoptar niños. El argumento simplón es que ha “visto tantos niños huérfanos en la calle, lo que ellos merecen es tener un hogar donde reciban cariño”. Alejandro Toledo quiere repetir el plato, incluyendo para ello el tema en su Plan de Gobierno. Luis Castañeda califica de “Loca” al candidato a la vicepresidencia por Perú Posible, Carlos Bruce, el Movimiento Homosexual de Lima Mhol protesta y hasta el apóstata Rodríguez Cuadros les sigue la corriente.  En medio y como trofeo de guerra está una comunidad que dice presente.

Pero “no todo es color de rosa”; las estadísticas hablan por sí solas y es que en países como Holanda, Bélgica, Suecia, Noruega, España, Sudáfrica, Islandia, Portugal, Canadá y Argentina, además del Distrito Federal de México y varios estados norteamericanos donde es permitido el matrimonio gay, sólo una ínfima minoría se casa; ello se explica porque a la comunidad homosexual no le interesa la ceremonia del casamiento sino ir más allá de una conducta homosexual tolerada.

Queda claro que el término “matrimonio” es un sacramento de la religión cristiana, propiamente de la iglesia católica, institución que históricamente mostró su oposición a la unión entre homosexuales. Más que pedir “la bendición de Dios”, la aprobación legal de la unión gay significaría en el Perú el reconocimiento por parte del Estado, de derechos adquiridos y de paso el rompimiento de pautas morales adquiridas con el domino burgués.

Históricamente  el matrimonio ha sido un contrato legal en el que se unen las personas en una relación propietaria. La lucha por la transformación social contempla que todo ser humano pueda vivir en cualquier tipo de relación que desee, sin restricciones materiales, ni interferencias estatales. Una clase social dividida no está preparada para ganar batallas; la discriminación asolapada contra los gays y las lesbianas en el Perú, como cualquier otra forma de discriminación, debilita la capacidad de los trabajadores para unirse en la lucha. El derecho a la unión de gays y lesbianas significaría un precedente en las  históricas batallas de la clase trabajadora, en este caso, a favor de licencias para cuidar familiares enfermos, pensiones, derechos de herencia y beneficios médicos.

Todo ello no significa que el marxismo promueva la unión entre homosexuales. Hay marxistas que carecen de simpatía por el estado matrimonial, al considerarlo represivo, hipócrita y alentador de un sistema que no solamente explota el trabajo sino que intenta corromper todo sentimiento humano decente. Con el pasar de los años y de nuevas generaciones, las relaciones íntimas humanas no necesitan la aprobación de instituciones religiosas. Sin embargo es de reconocer que muchos heterosexuales y homosexuales no ven otra alternativa que el matrimonio, al necesitar la garantía personal y las protecciones legales y económicas conseguidas por la firma de un documento.

El tema es complejo; la alimentación de un niño puede correr por parte del Estado, la formación educativa la ejerce la escuela pero la humanización es prioridad de la familia, algo que difícilmente podrá encargarse la escuela y el Estado. Queda claro que la destrucción del concepto básico de familia es la destrucción de la sociedad.

De otro lado, la unión legal entre homosexuales implicaría cambios en contenidos educativos y el diseño de programas de estudio que enseñen a las nuevas generaciones que el joven, al cumplir los 18 años de edad puede unirse con un varón o con una mujer. Queda claro que estamos ante la promoción de una cultura homosexual donde cambiar el modo de abordar esta cuestión en el sistema educativo llevará a que una conducta tolerada socialmente, pase a ser promovida legal y públicamente.


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