Más de dos siglos buscando la felicidad1 – Le Monde Diplomatique; Año IV, Numero 39 Agosto 2010 -por Oswaldo de Rivero

En 1776 la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos proclamó que un derecho inalienable del hombre es la búsqueda de la felicidad (the pursuit of happines). Durante mas de dos siglos esta búsqueda, se puede decir, que ha sido personal, pero desde hace unos años, se ha desarrollando por el mundo una creciente búsqueda de felicidad nacional, tan ansiosa, que tiene ya visos de irracionalidad.

Frida Kahlo. El abrazo del amor del universo. 1949.

Hoy están de moda los estudios y las encuestas sobre la felicidad nacional. Según los resultados de ellos, los ciudadanos de los países encuestados consideran que el factor más importante que les da felicidad es el goce de suficientes ingresos para satisfacer necesidades, que van mucho más allá de la satisfacción de sus necesidades básicas, como la alimentación, la vivienda o la salud. Se puede decir, que después de dos siglos, la felicidad en los paises se busca hoy a través del aumento de los ingresos personales para adquirir y consumir las nuevas necesidades creadas por el mercado y la publicidad. Todo lo cual configura un estilo de vida cuyo paradigma sigue siendo, a pesar de la crisis económica y ecológica global, el american way of live.

En todas los paises, incluyendo los en desarrollo, y ahora, en los ex comunistas, de Europa del Este, Rusia y la China, la gente para ser feliz quiere vivir la versión mas seductora del sueño americano, lo que yo he llamado “el modelo California”. En efecto, todo el mundo sueña vivir como un californiano, tener un auto, si se puede dos, comprar una casa nueva con jardín y piscina y vivir en suburbios de moda, pertenecer a un country club y además, con el tiempo, tener una casa de playa o en el campo para los fines de semana.

El Indicador de barbarie

Como todos los pueblos sueñan con vivir un estilo de vida feliz parecido al modelo California, todos los gobiernos lo prometen y lo buscan a través del crecimiento constante del Producto Bruto Interno (PBI). La mala noticia es que el PBI puede crecer pero el planeta no. En efecto, la Tierra le ha dicho no a una urbanización que se expande globalmente, como se expandieron las ciudades de California, plantando cemento, destruyendo tierras agrícolas, con patrones de consumo insostenibles, devorando insaciablemente agua, alimentos, petróleo, haciendo del contaminante motor de explosión el rey del transporte y lanzando a la atmósfera toneladas de C02 y otros gases que están cambiando peligrosamente el clima del planeta.

Si no se hace una drástica reducción de gases, de aquí a 2020, la temperatura de la Tierra subirá más de 2 grados y entonces todos los pobladores de la Tierra, incluyendo los californianos, tendrán que adaptase a vivir entre el último huracán y el siguiente ciclón, a frecuentes lluvias torrenciales y sequías, a la escasez de agua y la caída de la producción agrícola y encarecimiento de los alimentos por el derretimiento de los glaciales, y además, a fuertes y peligrosas inundaciones de grandes ciudades costeras y puertos debido al alza del nivel del mar.

Y, es por toda esta destrucción del medio ambiente, que el crecimiento del PBI, está dejando de ser un índice de felicidad y más bien ahora se le compara con el crecimiento autodestructivo de una célula cancerosa, que termina al final, por destruir el cuerpo donde vive. Sin duda, cuando las futuras generaciones estudien como contabilizamos como desarrollo y felicidad nacional un crecimiento económico que consistía en recalentar la atmósfera, derretir los glaciares, crear escasez de agua, alimentos y subir peligrosamente el nivel de los mares, clasificará al PBI como el más conspicuo indicador de nuestra barbarie.

La segunda mala noticia sobre PBI, como factor de felicidad nacional, es que su crecimiento no necesariamente incrementa suficientemente los ingresos de la mayoría de la población, tal como pasa hoy en el Perú y en casi 134 países en desarrollo, donde la renta per-capita promedio, en los últimos 48 anos (1960-2008), creció tan solo 2,3%, una tasa insuficiente para terminar con la pobreza nacional. Los dos premios noveles de economía Joseph Stiglitz y Paúl Krugman afirman que no existe una relación automática entre el crecimiento del PBI y el crecimiento de los ingresos de las personas. Ambos, ponen como ejemplo a su país, los Estados Unidos, donde el aumento del PBI desde 1990 solo ha favorecido al 10% de su población. De esta misma opinión es Informe World Factbook de la CIA.
Hoy se puede decir que ha comenzado el ocaso del PBI con la búsqueda de nuevos indicadores de felicidad nacional que ponen más énfasis en la calidad de vida que sobre el incremento de la producción y los ingresos. Entre ellos, ha surgido el Indicador de Riqueza Genuino (IRG) que sustrae del PBI los costos ecológicos y los problemas sociales como por ejemplo, la delincuencia, las condiciones caóticas trafico de las ciudades, el abandono de los niños, etc.

También, recientemente se ha creado el Índice del Planeta Feliz (IPF) donde una larga vida sin un impacto nocivo en la ecología del país, seria un índice de felicidad nacional superior al PBI y también al Desarrollo Humano. Por lo pronto, el pequeño Reino de Bhután ya lo está usando con el nombre de “Producto Bruto Nacional de Felicidad.” Por otro lado, el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, ha creado una comisión liderada por el profesor Stiglizt, donde participa otros premios Nobel de economía, para establecer un indicador que mida comparativamente la calidad de la vida entre los países.

Happylogía

Las dudas fundadas sobre el PBI, como medida de felicidad de las naciones ha hecho surgir un tsunami de estudios y encuestas en los Estados Unidos y la Gran Bretaña sobre la felicidad nacional (the happiness of the nations) que están creando una suerte de nueva disciplina, que he llamado happylogía, y que intenta detectar los factores que hacen felices a la personas en los países. Esta happylogía vuelve a confirma que tener ingresos suficientes es importante para ser feliz, pero también lo es la estabilidad familiar, y ahora, sobre todo, la capacidad para adaptarse a la crisis económica.

En realidad la happylogía no se ocupa mucho de los países pobres, donde gran parte de la población está ya “adaptada” a vivir en la pobreza, sino de la población americana, británica y de otros países desarrollados que ha perdido empleos e ingresos, como resultado de la crisis. Según los happylogos americanos, lo que hace infeliz a los nuevos pobres en los Estados Unidos, no es la crisis en si misma, sino la incertidumbre sobre su futuro personal. Para ellos lo que necesitan estos infortunados es información sobre la crisis, ya que una vez que la tienen, les pasa la incertidumbre y comienzan a “adaptarse” y regresan así a los niveles anteriores de felicidad que tenían. Esta es una de las más curiosas conclusiones de los happylogos americanos porque da por hecho que las victimas de Wall Street son masoquistas, se vuelven felices adaptándose a la crisis, es decir, sufriendo.

Lo cierto es que, todos estos estudios y encuestas sobre la felicidad, destacan que la suficiencia o insuficiencia de los ingresos, para consumir más allá de las necesidades básicas, sigue siendo el factor determinante de la felicidad o la infelicidad de las personas y de las naciones. Todo esto demuestra que, en la actual sociedad moderna, la felicidad es adquirir y consumir lo que la publicidad ofrece en el mercado, que no poder hacerlo crea frustración y vuelve infeliz. Y es curioso que, este delirio materialista consumista que caracteriza la moderna sociedad urbana e industrializada, no sea visto como la causa principal de la infelicidad por los happylogos, sino mas bien, por los psicólogos y los psiquiatras.

Afluenza

En efecto, los psicólogos y psiquiatras tienen otra lectura de esta cultura adquisitiva. Ellos consideran que ganar mas para adquirir mas esta generando una neurosis, que el destacado psicólogo británico, Oliver James, llama: Afluenza, cuyo síndrome es un ansiedad permanente por tener mas y mejor, desde inmuebles, autos, pasando por todo tipo de objetos domésticos y personales, hasta mas grandes senos, menos arrugas y inclusive penes mas largos.

Este síndrome adquisitivo, según la psicología y la psiquiatría del consumo, hace que nos identifiquemos por lo que tenemos y por lo que aparentamos. Todo lo cual, termina por crear un vacío espiritual que se manifiesta en neurosis adquisitivas que son, cada vez más corrientes, en las sociedades afluentes. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en los países en desarrollo, debido a la mala distribución del ingreso, casi no existen enfermos de Afluenza como los países altamente desarrollados, en particular los anglosajones, donde el delirio adquisitivo y la compulsión por el shopping terminan en Prosac.

Todo esto muestra que lograr la felicidad, sobre todo la nacional es muy difícil, inclusive en los paises ricos. Y es por esto que Jean Paul Sastre advertía no buscar la felicidad dentro de grandes grupos, diciendo: “el infierno son los otros.” Y, no le faltaba razón, porque uno puede lograr ser feliz con uno mismo, también con cierto esfuerzo con su pareja, y con mayor dificultad con toda su familia, sobre todo si esta es grande. Pero lograr la felicidad de las naciones, donde hay millones de egos, es casi imposible, porque la felicidad de unos es siempre la infelicidad de otros. Solo tenemos que ver el fútbol y la política para comprobarlo.

Sin embargo, a pesar de esta dificultad en los Estado Unidos se insiste, hoy como nunca, en buscar la felicidad privada y nacional. Desde el año 2008 han proliferado más de 4000 libros sobre la felicidad con títulos como: Authentic Happiness, The Art of Happiness, The Happiness Hypothesis, Happiness Guide to Developing Life’s Most Important Skills, etc. También se organizan miles de seminarios, cursos y ahora estudios en más de 100 universidades. Thomas Jefferson jamás su hubiera imaginado que su hermosa frase: “the pursuit of happiness” provocaría una búsqueda de la felicidad publica que dura mas de dos siglos y todavía es elusiva.

Y ante tal angustiosa persecución cotidiana de la felicidad, yo me pregunto ¿por qué no dejar de buscarla, y mas bien pasar un buen rato todos los días?


1 Este artículo está basado en el próximo libro en inglés del autor: “The Myth of Development, Non viables Economies and the Crisis of Civilization” que se publicará por las editoriales Zedbook y Macmillan Publishers en Londres y Nueva York, respectivamente, en setiembre del 2010.

*Ex embajador del Perú en las Naciones
Unidas. Miembro del Consejo Editorial de
Le Monde diplomatique, edición peruana

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