Radio Wa, la voz que liberó a los niños soldado de Uganda. Por: Gonzalo Fanjul. Tomado de: Los Blogs de El País

Desde el norte de Uganda, en una de las regiones más pobres y convulsas del planeta, recibimos la primera colaboración de Alberto Eisman, director de Radio Wa y coautor del blog En clave de África.

http://blogs.elpais.com/3500-millones/

Es difícil describir la situación que se vivía en la región de Lira, al norte de Uganda, en el año 2006. El llamado Ejército de Liberación del Señor (LRA), después de haber comenzado sus violentas actividades en Acholi, en los confines que separan a Uganda del Sudán, llegó a esta zona y atacó con inusitada virulencia a los Lango, una tribu que tradicionalmente había mantenido una estrecha relación con los Acholi.

Victim LRA
Los miembros de esta guerrilla –sin otra agenda política que poner en jaque al gobierno y a su ejército sembrando el terror- comenzaron a atacar indiscriminadamente poblados haciendo todo el daño posible: mataban a los viejos y a los niños pequeños, secuestraban, cortaban a sangre fría orejas, labios, narices u otros miembros.

Esta terrible situación causó un éxodo masivo. Los pobladores huyeron de las zonas rurales más aisladas e indefensas y durante años se refugiaron, hacinados, en campos de desplazados. Tan solo alrededor de Lira, la ciudad principal de la zona, había diez campos, lo que duplicó el número de habitantes de la ciudad.

De todos los afectadas por esta trágica situación, los que más sufrieron fueron los más jóvenes, niños y niñas que eran sistemáticamente arrancados de sus familias y forzados a convertirse en guerrilleros. A los varones los entrenaban para ser niños soldado; si eran niñas, se convertían en esclavas sexuales de la oficialidad.

Para obrar la maléfica transformación de unos inocentes niños en agentes del terror lo más efectivo era someterles a salvajes pruebas que les hicieran despojarse de cualquier atisbo de humanidad o de compasión: una vez secuestrados, los rebeldes juntaban a los que procedían del mismo pueblo. Elegían a dedo a uno del grupo y obligaban al resto a matar al elegido, si no, serían ellos los que morirían. Así creaban un tremendo estigma en el subconsciente de estos niños para que nunca tuvieran la tentación de regresar a sus comunidades, sintiéndose profundamente avergonzados de haber asesinado con sus propias manos a un amigo o un compañero de juegos. Era un procedimiento diabólicamente sofisticado para cerrar la puerta a una futura reintegración en la sociedad civil.

Front radio wa
Ante esta dramática situación, Radio Wa (Nuestra Radio), una emisora comunitaria propiedad de la Iglesia Católica, creó un programa dedicado exclusivamente a los niños soldado. En la emisora sabían que los niños raptados conseguían en sus razzias por los poblados pequeños transistores con los que escuchaban clandestinamente este programa semanal que vino a llamarse “Karibu” (“Bienvenido”, en suajili). La señal de esta emisora llegaba incluso a los confines con Sudán y por tanto era fácil para los niños soldado sintonizar el programa, aunque con ello arriesgaban sus vidas si eran descubiertos escuchándolo.

Antiguo niño soldado en la radio
Los contenidos eran simples mensajes de esperanza y de humanidad para personas retenidas contra su voluntad que habían visto y cometido las mayores atrocidades. A veces eran simples mensajes como “Fulano, tus padres te saludan y te echan de menos”, y demás noticias familiares. La intención de estos mensajes no era otra que restablecer los lazos emocionales y afectivos rotos por los rebeldes y sus violentas acciones. Más tarde, jóvenes que habían escapado de sus captores, antiguos niños soldado, se incorporaron al programa y comenzaron a dar testimonio de cómo eran sus vidas después de volver. Les explicaban a los niños todavía en cautiverio que nadie había tomado venganza contra ellos, que habían vuelto a sus estudios y así animaban a sus compañeros si no a escapar por lo menos a mantener viva la esperanza.

Radio Wa nunca supo exactamente la magnitud del impacto de este programa. Una noche de 2002 un comando guerrillero destruyó la radio, lo cuál se interpretó como un claro indicio de que la emisora les estaba haciendo daño a los rebeldes. Posteriormente, cuando empezaron las conversaciones de paz, el líder del LRA Joseph Kony puso como condición para su inicio que se retirara de las ondas el programa Karibu. Otra inequívoca señal.

Fue hace pocos meses cuando, a través de un portavoz del ejército, nos enteramos de que, según los interrogatorios que se llevaban a cabo regularmente a los niños que escapaban de los rebeldes y que incluían en sus preguntas la razón por la que arriesgaron su vida y salieron de la selva, unos 1.500 niños confesaron haber escapado simplemente movidos por el programa Karibu, el cuál les dio la fuerza necesaria para arriesgar sus vidas y atreverse a salir de aquella situación.

Dos niños soldados
De esta manera, una simple emisora de radio con apenas medios técnicos, destruida pero no rematada, pudo desbaratar la espiral de odio y violencia que durante años atenazó la vida de unos inocentes. No ha habido distinción ni galardón mejor que comprobar cómo, a pesar de todo, la esperanza y el coraje humano no salieron derrotados en esta guerra.

Hoy, Uganda del Norte está tratando de superar aquel dramático pasado y el programa ha sido reemplazado por otro, centrado en los problemas de la resolución de conflictos y titulado Peace-maker (Pacificador). Es una parte más de una completa programación con la que Radio Wa sigue apoyando a aquellos que más lo necesitan en Uganda.

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