Lo que está en juego en el actual proceso electoral. Por: Arturo Manrique Guzmán (Sociólogo)

DESARROLLO, CRECIMIENTO ECONÓMICO Y DEMOCRACIA

Lo que está en juego en el actual proceso electoral.

Arturo Manrique Guzmán

Es necesario distinguir entre crecimiento económico y desarrollo. La moderna teoría del desarrollo distingue claramente entre ambos conceptos; pero eso no parece importar a nuestros políticos. Se habla de crecimiento económico a secas y pareciera que es lo único que importa. Eso tiene un nombre, se llama “pensamiento único” y, no por políticamente correcto, deja de ser una postura ideológica, precisamente porque no admite debate. El crecimiento económico es un medio, no el fin –ni mucho menos el objetivo último- del desarrollo. Y, por tanto, es algo perfectamente debatible y eso no tiene que incomodar ni mucho menos asustar a nadie. Todo es debatible en democracia!! Se trata de discutir sobre los medios y fines a través de los cuales queremos alcanzar el desarrollo.

El desarrollo consiste en la ampliación progresiva de las libertades humanas. Y no hablo solo de las libertades políticas o de la libertad de expresión, sino de las libertades fundamentales, que tiene que ver con el acceso a una buena alimentación, a una educación de calidad, a servicios de salud universales, etc. Para los economistas estas libertades forman parte de las externalidades del sistema económico y, por lo mismo, carecen de relevancia intrínseca. Por eso, Amartya Sen –economista (Premio Nobel 1,998) consciente de las limitaciones de la ciencia económica- propone vincular esta disciplina con la ética, que él denomina como ética del desarrollo, esto es, una reflexión sobre los fines y medios que acompañan los cambios socioeconómicos en los países en desarrollo.

Quienes se alinean dentro del “pensamiento único” suelen afirmar que el Perú pasa por un excelente momento económico y esa es una afirmación políticamente correcta que el propio Humala no se atreve a contradecir. Pero para mucha gente, incluso podríamos decir para la mayoría, la idea de un “excelente momento económico” sencillamente no funciona. Y es que una cosa es el crecimiento económico y otra cosa el desarrollo. Lamentablemente, el crecimiento económico nuestro no ha desencadenado procesos de desarrollo en los espacios locales y regionales, salvo contadas excepciones. Sin desarrollo, no es posible solucionar el problema de la desigualdad social. El crecimiento económico por sí mismo no reduce la desigualdad. Y eso es lo que cuesta entender quienes aspiran a dirigir el país.

No basta con ser “inclusivos”, término de moda con el que se pretende maquillar las distorsiones de un “modelo de crecimiento económico” que produce exclusión, debido a su dinámica interna. Si esto es así, ¿no sería mejor plantear un cambio en el “modelo económico”? Eso es lo que hizo Lula en Brasil y no precisamente se ubicó en el antisistema por eso y tampoco la economía brasileña dejó de crecer. No todo tiene que ser blanco y negro. Lo que pasa es que en medio de la ceguera ideológica y la ausencia de ideas, mucha gente cree que Humala y su mamotreto de “economía nacional de mercado” es la única alternativa posible. Y no necesariamente es así.

El desarrollo es incompatible con cualquier tipo de autoritarismo o dictadura. El desarrollo sólo es posible en democracia y hay un criterio clave, fundamental, para distinguir lo que es democracia de lo que no es, y ese es el acceso que tiene la población a mayores libertades humanas. La defensa de la democracia exige, por tanto, un compromiso claro con la libertad!! Eso es lo que no debemos perder de vista en esta y cualquier otra elección. Después de todo, como acabamos de señalar, desarrollo es expansión de las libertades humanas, tanto de las libertades fundamentales como de las libertades instrumentales. Todo lo que no contribuya a ampliar las libertades humanas es atraso, es retroceso, es, en definitiva, un retorno a la barbarie. ¿Queremos eso para nuestro país? Yo creo que no.

Lamentablemente, eso es lo que representan Ollanta Humala y Keiko Fujimori en la actual disputa electoral. Y en eso también entran ciertos intelectuales de “izquierda” alineados con el Ollantismo (Nicolás Lynch, Alberto Adrianzen, Manuel Dammert, Sinesio López, etc.). A estos señores, como diría Ernesto Sábato, el descontento con la “libertad burguesa” y de sus precariedades los lleva a desconfiar de la libertad misma, al punto de estar dispuestos a sacrificarla, en nombre de un orden imaginario, que no es otro que el de una dictadura en ciernes. Estos señores son un claro ejemplo de lo Eduardo Dargent ha denominado como “demócratas precarios”: invocan los valores democráticos cuando están en una posición de desventaja y sienten amenazados sus intereses; pero los abandonan cuando tienen poder y consideran que sus intereses pueden ser alcanzado por medios no democráticos. Esta “doble moral” es inaceptable en política y menos si aspiramos a construir una sociedad democrática.

Ahora bien, hay una cosa clara: mientras se mantenga el “modelo económico primario exportador”, no se solucionaran los problemas de fondo del país. No se trata de destruir nada, sino de rediseñar el “modelo económico” y ponerlo al servicio del desarrollo. El Perú ya vivió una coyuntura así, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, durante la llamada República Aristocrática, descrita con acierto por Basadre. Entonces también se potenció la economía, en base a un modelo primario exportador, que permitió acumular, pero se desaprovechó la oportunidad de impulsar el desarrollo. Ya antes había ocurrido lo mismo con el guano y el salitre. ¿Acaso no somos capaces de aprender de nuestra historia? Lo cierto es que seguimos teniendo una estructura productiva de sobrevivencia y eso es lo que hay que cambiar.

Seamos claros, el Perú no es un país de emprendedores, como tramposamente nos quieren hacer creer, sino de sobrevivientes. Hay esfuerzo, sí; pero no innovación, no desarrollo. Sin innovación no hay emprendimiento y tampoco desarrollo. Hay que leer bien a Schumpeter y también e Drucker. Pero para cambiar eso necesitamos rediseñar el “modelo económico”, no sólo darle un “rostro social”, como plantea Toledo. Eso es maquillaje. Algo si debe quedar claro: pedir un cambio del modelo económico, que en realidad es un rediseño, no es pisar el palito ni caer en el Ollantismo. El nacionalismo, junto con el fundamentalismo religioso, es la peor lacra que puede existir. Si no, veamos la historia del siglo XX que, como dijo Howsbaun, fue un “siglo corto”, pero de lejos el que más muertes produjo en la historia de la humanidad. Y todo, gracias al nacionalismo. Sin duda, Humala encarna una ideología trasnochada. Y en eso tiene que haber un deslinde claro. El problema es que siempre habrá Humalas mientras el “modelo económico” produzca exclusión y no reduzca la desigualdad. Y eso es lo que hay que cambiar.

En mi opinión, debemos evitar que el Perú caiga en manos autoritarias en el actual proceso electoral; pero también debemos exigir a quien encarne una opción “democrática” –bajo los criterios definidos más arriba- que realice cambios significativos en el modelo económico, para sentar las bases de un verdadero desarrollo. Hay que dar, de una vez por todas, el salto “cualitativo” del crecimiento económico al desarrollo (o, como dice el PNUD, “desarrollo humano sostenible”). Chile y Brasil, por mencionar los casos más exitosos en América Latina, ya lo han hecho. Esto ciertamente pasa por afectar algunos intereses poderosos, que lucran con la desigualdad social y pobreza de mucha gente, pero eso precisamente distingue a la democracia de lo que no es. Eso hace que la democracia funciones y se legitime como sistema y no vivamos siempre a la sombra del autoritarismo. Y permite además dinamizar las economías locales y darle sostenibilidad al crecimiento económico. De otra manera, éste siempre se verá amenazado por los conflictos sociales, que han mantenido una tendencia creciente en los últimos cinco años, situación que deberíamos cambiar. ¡Hagamos pues que la democracia funcione para todos!

04 / 04 / 2,011

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