“huachaferia monumental”. Por Jorge Bruce. la REpública del 18/06/2011

Morrocotudo

Por Jorge Bruce

La retahíla de acontecimientos que descienden desde las alturas de Palacio, en este tramo final del Gobierno, me han traído a la memoria esta palabra en desuso, que rescato, hoy 18 de junio, cuando esto escribo, Día del Idioma Español. Según el DRAE, “morrocotudo” significa “de mucha importancia o dificultad” y, en Argentina y Bolivia, “fornido, corpulento”. La obvia asociación me vino por el Cristo multipropósito que nos han enchufado, sin gritar ¡agua va!, en la cima del Morro Solar. El bondadoso presidente saliente quiso dejar un regalito a la ciudad, poniendo incluso de la suya, según nos cuenta.

La figura de resina poliéster es multipropósito porque no hace falta, a diferencia del inmenso Inca que afea una de las avenidas del Cusco, del cual se dice que lleva los rasgos del alcalde que lo mandó construir, que esta estatua del crucificado sea portadora de una prominente papada y unos omnipotentes cachetes: todo el mundo la vinculará con AGP. Unos con rechazo al autoritarismo, megalomanía, mal gusto, confusión de democracia con teocracia, corrupción y gigantismo que han sido señalados estos días; otros, según calcula el saliente mandatario, con emoción religiosa y agradecimiento a la panóptica efigie de plástico que imita la emblemática estatua del Corcovado.

Que esto nos convierta en una versión chicha de Las Vegas –lo que ya es decir– evidentemente no preocupa al ministro de Cultura ni a su jefe. Si no han levantado el Taj Majal o la pirámide de Keops es, imagino, porque ese elogio a la huachafería monumental se lo confían a los innumerables casinos que contaminan en todo sentido nuestra capital.

Pero sin duda otro de los propósitos de la plástica deidad es el de encubrir los actos finales de un régimen en donde, si bien se ha rectificado el manejo económico delirante del anterior, lo que no ha madurado, porque tal proceso no existe, es la corrupción.

Tampoco la incapacidad de acometer las tareas más complicadas del arte de gobernar, como son las reformas esenciales del Estado en educación, seguridad, salud, justicia, etcétera. En lo que respecta a la corrupción, a lo sumo se ha refinado. De ahí que asuntos tales como la ley 29703, desnaturalizada en el Congreso para que sea imposible probar actos de colusión en agravio del Estado, o la probable excarcelación de Fujimori mediante alguna triquiñuela jurídica en el TC, se cubran bajo un manto piadoso de devoción cristiana.

Ya que estamos en un entorno religioso, es oportuno traer a colación que no todos se dejan sugestionar por estas maniobras mixtificadoras. Así, el viernes un grupo de jóvenes, recurriendo en dos días a técnicas de agit-prop 3.0, iniciaron un movimiento destinado a darle una adecuada despedida al presidente García. Se llama La Cuaresma de Alan. Su objetivo es no dejar pasar estos actos finales de abuso del poder, incluidos los previos como el Baguazo o los Petroaudios, ni quedarse callados frente a la impunidad que se está consolidando in extremis.

Esta cuaresma simbólica puede ser la mejor transición ciudadana, como despedida resistente y aviso al Gobierno entrante. Para recordar que, no en balde, morrocotudo rima con conchudo.

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