La ultraderecha europea como amenaza

Masacre en Noruega

“Breivik no destruirá la convivencia”

Un líder de la derecha xenófoba y uno de la comunidad musulmana defienden la tesis del ‘loco solitario’ y afirman que la paz social del país no está en peligro

JUAN GÓMEZ (ENVIADO ESPECIAL) – Oslo – 26/07/2011

El diputado Morten Hoglund consultaba en su móvil si era la hora de unirse a la gran concentración de repulsa a la masacre del viernes. La aglomeración crecía bajo las ventanas de la sede central del Partido del Progreso (FRP), en pleno centro de Oslo. Las primeras frases de Hoglund demuestran que el dirigente del partido derechista es un político experimentado: ¿Anders Breivik? “Sí, fue miembro de nuestro partido entre 1999 y 2007”. Pero era un hombre “tímido y retraído”, lo cual impidió reconocer las ideas políticas que le llevarían a cometer el doble ataque del viernes:

Breivik, que dirigió una sección local de las Juventudes del FRP en Oslo, “se ha radicalizado enormemente desde que dejó el partido”, al que Hoglund presenta como “un clásico partido liberal” que “no tiene nada que ver” con los movimientos populistas de Finlandia, Suecia u Holanda.

Pero el Partido del Progreso, que con el 23% de los votos es la segunda fuerza política noruega, navega con gran éxito la misma ola derechista que ha inundado los Parlamentos de los países vecinos. No son neonazis, sino representantes de una nueva derecha que guarda similitudes con el movimiento Tea Party estadounidense. Así, el FRP es proisraelí, atlantista y defensor del libre mercado, a diferencia de la tradicional ultraderecha europea antisemita y antiliberal. Esta nueva derecha comparte con la vieja la defensa de los “valores familiares”, la constante reclamación de “ley y orden” y el rechazo a la “inmigración [masiva]”. También conservan restos, ideológicamente enquistados, del viejo antimarxismo. Pero lo que sobre todo articula a estos partidos y movimientos, en cuyas bancadas menos radicales sitúan los politólogos al FRP, es el rechazo a la religión musulmana.

Cuando salió a asesinar a los jóvenes del Partido Laborista (AP) que acampaban en la isla de Utoya, Breivik quería liquidar a los futuros dirigentes de la poderosa socialdemocracia noruega. Pretendía acabar con los que, en su opinión, abrirán la puerta a los inmigrantes para permitir la islamización de Europa. El manifiesto con el que justificó su matanza es un compendio sacado de Internet. El reportero Mikael Ekman, que escribe en la revista sueca Expo (cofundada por el novelista Stieg Larsson para investigar la ultraderecha en el norte de Europa), ve en esta islamofobia un nexo entre diversos elementos más o menos derechistas del continente. Se comunican por Internet, donde se traducen y se copian unos a otros. En Expo consideran que el Partido del Progreso es parte de ese amplio engranaje antimusulmán. Breivik no es un cristiano practicante, pero se considera a sí mismo a la vanguardia de una nueva cruzada. Se formó políticamente en el FRP y se alimentó ideológicamente en Internet.

Mehtab Afsar es el secretario general del Consejo del Islam noruego, la “única organización” islámica del país. Dice representar a los “entre 100.000 y 150.000” musulmanes que viven aquí. Al teléfono desde Tanzania, Afsar explicaba ayer que su organización “está en contacto con todos los partidos, incluido el FRP”. Considera que el Partido del Progreso “no es abiertamente racista, pero sí contrario a la integración”. Cree que sus dirigentes aprovecharon “las noticias sobre el terrorismo islámico internacional” para cebar los prejuicios de la población. Y con éxito, puesto que “las minorías de Noruega perciben desde hace años cómo disminuye la tolerancia”. La matanza del viernes, en la que murieron “dos o tres chicos musulmanes”, plantea una discusión ineludible: “Todos sabemos las consecuencias terribles del antisemitismo, ahora hay que preguntarse cuánta islamofobia hay en Europa”.

Tanto Afsar como el diputado derechista Hoglund están de acuerdo en que “Breivik no destruirá la convivencia”. Noruega es un país próspero con una democracia que ha funcionado sin averías por décadas. Según el politólogo de la Universidad de Oslo Anders Jupskas, el FRP “respeta las reglas democráticas”. Cuando un partido es capaz de integrar elementos radicales a su base electoral, suele acarrear la radicalización parcial de sus votantes moderados como efecto secundario. Hoglund, vestido de luto, explicaba ayer que el FRP va a seguir planteando sus posiciones políticas. Este otoño se celebrarán elecciones municipales en toda Noruega. Está por ver si los ciudadanos vuelven a apoyar masivamente al partido en el que militó el asesino de Utoya.

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