Gonzalo, MOVADEF y el espejo nepalés. Por: José Luis Rénique. Fuente – Ideele

Un interesante artículo que invita a la reflexión y al debate.
El combate al neosenderismo amerita un análisis profundo y no superficial.

Perdido en el alud cotidiano de noticias globales, un despacho proveniente de Kathmandú, Nepal, y fechado en los primeros días del presente año, da cuenta de un hecho curioso que acaso cobre relevancia a la luz del reciente intento de inscripción del Movimiento por Amnistía y Derechos Fundamentales (MOVADEF). De un supuesto mensaje “enviado por el fundador del movimiento maoísta peruano Sendero Luminoso” a sus camaradas de Nepal, a quienes exhorta a seguir “el camino de la paz y la constitución”, puesto que “solamente por medios pacíficos es posible construir una democracia popular”, da cuenta el mencionado reporte. Mensaje particularmente significativo, prosigue la nota, no solo por el papel de mentor que reconocen los himalayos a Guzmán sino también por el hecho de que los maoístas moderados —encabezados por el actual primer ministro Baburam Bhattarai— lo hayan utilizado para enrostrarles a sus camaradas radicales el error que cometen al rehusarse a deponer las armas de una vez por todas. ¿Ficción o realidad? ¿Es posible encontrar aquí alguna clave para comprender al senderismo de hoy?

Nepal: De la “guerra popular” a la República Democrática
Como una reproducción del guion senderista podría leerse la trayectoria del maoísmo nepalí: de su adopción de la línea de “lucha armada prolongada en la vía de una revolución de nueva democracia” al inicio de su alzamiento en febrero de 1996 y su subsiguiente “despliegue guerrillero” que, al costo de alrededor de 14 mil muertos, le permitiría controlar tres cuartas partes del país seis años después. La decrepitud de la monarquía feudal reinante, tanto como el impulso de una creciente protesta rural, abonarían en su favor. Alcanzado el “equilibrio estratégico” hacia el 2001, en el punto en que el esquema senderista prescribía iniciar el asalto a la ciudad, darían los maoístas nepalíes un giro de notables consecuencias para la historia de su país.

Decididos a no repetir sus errores, según ha relatado su por ese entonces líder militar — Pushpa Kamal Dahal (a) camarada Prachanda (“el Fiero”)—, examinaron cuidadosamente las causas del fracaso de las revoluciones del XX, la experiencia senderista en particular. Que su lucha por un Nepal moderno y soberano pasaba por construir un verdadero Estado republicano sustentado por una “competencia pacífica multipartidaria” dentro de una línea de firme acción antifeudal y antiimperialista, concluirían. Ni Mao ni Stalin podían seguir siendo en esas circunstancias, según ellos, modelos de conducción. Lo que, específicamente, llevaba a preguntarse si tenía sentido invertir la amplia acumulación lograda en las zonas rurales en un asalto a la ciudad que, en el contexto de una creciente intervención hindú y estadounidense en la lucha contrainsurgente, tenía escasas posibilidades de triunfo.

Así, en el punto equivalente al inicio del ataque senderista a Lima de principios de los 90 que tanto aportó a su destrucción, sus pares nepalíes iniciaron un inédito curso político que culminó con la firma de un Acuerdo de Paz (21 de noviembre del 2006) que puso, a su vez, las bases para la elección de la Asamblea Constituyente que, en su primera sesión (29 de mayo del 2008), declaró inaugurada la República, cancelando así 237 años de autocracia monárquica. Tres meses después, el propio camarada Prachanda juramentaba como Primer Ministro, cargo que conservaría hasta mayo del año siguiente.

A partir de ahí, el reto para los maoístas consistiría en cumplir las exigencias de la paz  —admitiendo incluso un proceso de desarme supervisado por las Naciones Unidas— sin desmedro de su poderío político conseguido por la vía armada; mientras, por otro lado, persuadía al establishment y a la opinión pública de la sinceridad de sus propósitos democráticos. Esfuerzo que incluiría pedir perdón por los “excesos” cometidos durante la “guerra popular.” No sería sencillo: de una ardiente “lucha de dos líneas” al interior de su organización como de las resistencias a incorporar a miles de efectivos maoístas al Ejército Nacional según lo estipulado en el Acuerdo de Paz, provendrían los desafíos más serios. Ganarse el reconocimiento de Washington y Nueva Delhi —neutralizando así una posible intervención foránea—, garantizar el mantenimiento de una economía mixta así como un amplio programa de reparaciones a las víctimas de la guerra y la creación de una instancia dedicada a resolver los problemas de propiedad derivados del conflicto, serían asimismo medidas fundamentales para lograr estabilizar el flamante orden posmonárquico; sin dejar de recurrir, por cierto, a movilizaciones de masas —como la huelga general de mayo del año pasado— orientadas a contrarrestar intentos de rearticulación de los viejos sectores “feudales.” En agosto del 2011, con la juramentación de Baburam Bhattarai como Primer Ministro, retornaban los maoístas al poder.

En el Perú, como en Nepal, por sus propias características, tienen los radicalismos ideológicos una fuerte raíz histórica, que reverdece por cierto con el desprestigio de la clase política y su pobrísima capacidad de propuesta.

El legado maoísta
No es casual que en dos antiguas sociedades de alta montaña haya prosperado el maoísmo en las décadas finales del XX, cuando ya había sido superado en la propia China. Terreno fértil encontraría ahí una concepción revolucionaria que asignaba a la intelectualidad provinciana y al campesinado pobre —por ser los sectores menos influenciados por el capitalismo— el papel protagónico en una lucha orientada a capturar esos “baluartes de la reacción política y verdaderos antros de la corrupción moral” que eran las ciudades; una visión, más aún, que proclamaba las “virtudes del atraso”, en el cual encontraba una “gran reserva de creatividad revolucionaria y energía juvenil”.

Efectivo para impulsar el nacimiento de una China postimperial autónoma y centralizada, hacia mediados de los años 50, no obstante, comenzó a desdibujarse el “maoísmo” al compás de los desvaríos de su fundador. Así, ante el fracaso de su “gran salto hacia adelante” (1958-1961) —un plan de industrialización acelerada que ocasionó una terrible hambruna—, Mao respondería con un recrudecimiento de sus prejuicios antiurbanos y su romanticismo campesinista que derivó, a su vez, en la caótica “gran revolución cultural proletaria” (1966-1976). De esa escuela ultrarradical, que terminaría abriendo las puertas a la restauración capitalista liderada por Deng Xiao Ping, bebería la generación de Abimael Guzmán; legado del que sus colegas nepaleses buscarían zafarse por la vía de la redefinición ideológica, suscitando, por cierto, la más enérgica censura de parte de los maoístas ortodoxos que aún quedan en el mundo.

De los Himalayas a los Andes
Basta revisar los “lineamientos programáticos” del MOVADEF para comprobar el anhelo senderista de mirarse en el espejo nepalés. Aspiran a verse —como sus colegas himalayos— encabezando una Asamblea Constituyente refundadora del orden político nacional. Hay, sin embargo, diferencias profundas entre un movimiento armado que por iniciativa propia, en la cúspide de su poderío militar, da pasos para ser reconocido como un actor político legítimo, y otro que, negándose a rajatabla a admitir su derrota, persiste en proclamar la vigencia del “pensamiento Gonzalo” en tanto origen teórico-práctico del —como sostiene un militante del MOVADEF— “más grande movimiento social revolucionario registrado en toda nuestra historia peruana”; el “antídoto perfecto y absoluto”, por ende, “contra la inercia, contra la rutina, contra el estancamiento mental, propios de las ideologías burguesas”, “un destello en la oscuridad, una fuerza vivificadora, una perspectiva amplia y flexible”. De hecho, es importante subrayar en este punto que no llegaron los maoístas nepalíes a exhibir a través de su etapa armada el tono mesiánico característico del senderismo, como tampoco su obcecado “culto a la personalidad” de su dirigente máximo.

¿Desmemoriados, irracionales?
¿Qué decirles a los jóvenes que buscan en las derrotadas ideas de su septuagenario líder un referente para construir el futuro? No dejar de denominar “delincuentes terroristas” a sus cabecillas, reclama un ex jefe policial como fórmula para desalentar a sus potenciales seguidores. Un shock de memoria, demandan los medios de comunicación equiparando juventud con ignorancia. Son dos variantes de una solución de cuestionable efectividad en el mediano plazo. No le falta razón, en ese sentido, al antes citado militante del MOVADEF cuando pregunta: “¿Es cierto que los jóvenes deben mantenerse callados por no haber vivido en las épocas del 80 y 90? ¿Acaso no podemos hablar de la Revolución Francesa del siglo XVIII?”.

Suena a desmesura, asimismo, decir —como lo ha expresado una ministra— que el rechazo de la inscripción del MOVADEF sea “un triunfo de la sociedad civil y la democracia”. Lo que hay, en rigor, es un precario modelo de contención del extremismo radical incapaz de lidiar efectivamente —dada la inexistencia de partidos políticos, para comenzar— con un asunto de fondo: la dimensión de demanda ideológica que subyace al neosenderismo. Ideología más que memoria, reclaman los jóvenes voceros del MOVADEF. Demandan, a su manera, una visión de futuro, una alternativa holística acaso utópica que el “sistema” no es capaz de proveer. En el Perú, como en Nepal, por sus propias características, tienen los radicalismos ideológicos una fuerte raíz histórica, que reverdece por cierto con el desprestigio de la clase política y su pobrísima capacidad de propuesta.

Memorias divididas
En un texto publicado en el 2003 me preguntaba si frente al senderismo en el siglo XXI no habría de reproducirse la estrategia utilizada por la “democracia peruana” para defenderse del aprismo a través del XX; una verdadera “política del avestruz” que coadyuvó a distorsionar y envilecer la vida política del país. Vale la pena reiterar la observación casi una década después. Preguntarse cuán eficaz va a ser la estrategia de hoy en una siguiente vez en que —acaso amparado por alguna instancia internacional o favorecido por un contexto en que le sea posible ampliar su respaldo social— vuelva el neosenderismo a intentar su legalización.

Poco ayuda en todo caso dejar el debate del conflicto de los 80 y 90 en manos de quienes, por un lado, pretenden reducir el problema del terrorismo senderista a un asunto delincuencial y, por el otro, aquellos que, vacunados contra la autocrítica, se sienten herederos de una gesta heroica digna de emulación. Extremos que se unen, paradójicamente, en su común rechazo al Informe Final de la CVR, al cual, mientras le increpan los primeros haber hablado de “conflicto interno” o de llamar “partido político” a Sendero Luminoso, descalifican los segundos —tras citarlo en apoyo suyo cuando les conviene  como una “degeneración de la verdad” perpetrada por una “izquierda burguesa y putrefacta”. Sin ánimo de querer convertirlo en texto canónico ni mucho menos, es obvio que sigue siendo aquel controvertido documento, casi una década después, un referente obligado de ese escalofriante “tiempo del miedo”.

Acaso no le falte razón al representante neosenderista, asimismo, cuando manifiesta que “es hora de escribir una historia real, objetiva y concreta” de nuestro proceso contemporáneo. Una nueva historia, por cierto, que, aparte de admitir que SL —como escribiera el historiador Steve Stern hace casi quince años— “constituía una culminación lógica, entre varias otras culminaciones lógicas posibles, de las fuerzas que habían dado origen a la política de oposición en el Perú del siglo XX”, registre los múltiples intentos de fundar en el Perú —por medios pacíficos y sin fomentar el odio— una república democrática. Una república democrática como aquella que, supuesta y paradójicamente, Abimael Guzmán —a veinte años de su derrota y miles de muertos después— aspira hoy para Nepal.

Comentarios

Plantea interesantes preguntas el artículo. Además nos permite ver desde una perspectiva histórica que la historia puede o podría repetirse, con la referencia a la historia del APRA y la reacción de las élites hacia ella, la politíca de la avestruz. También en un contexto de “polarización” como lo dejan ver los resultados de las últimas contiendas electorales, es importante conocer de este actor (SL), narcoterrorismo? terrorismo a secas? las protestas sociales son terroristas? Neosenderismo me parece apropiado para entender la corriente impulsada desde el MOVADEF. Y en cuanto a ello, creo que vale la pena recordar a Degregori cuando analizaba a SL, decía que el avance de éste sólo se podía dar por la negación sistemática del principio de realidad, creo que a eso se refiere el historiador Renique cuando afirma que los neosenderistas están vacunados contra la autocrítica. En fín, dos cosas: 1) no creo que haya que ser tan alarmista en cuanto al retorno del neosenderismo, sobre todo cuando se habla en terminos de “horizontes de futuro”; si bien es cierto que los partidos son inexistentes, también es cierto que desde hace dos elecciones hubo algo de progresista que se aglutinó en la candidatura de Ollanta Humala. Hoy, el sentido de ese “reclamo” ha sido ciertamente subvertido desde el poder, pero me parece que representaba una opción para hacer politíca de otro modo, sobre todo en reacción al fujimorismo de Keiko. Además, el hecho que los partidos políticos sean inexistentes, no quiere decir que la politíca también lo sea. Los sentidos cambian, se reformulan, y la politíca sigue su curso, y quizás hasta pueda dar a luz de un horizonte de futuro. Es toda la cuestión sobre qué es izquierda hoy en el Perú, la que se formula aquí. 2) Cuando se hace referencia a los extremismos que unen en su rechazo al IF de la CVR, me parece que no sólo se unen en ello, sino también en el hecho que el discurso de los unos es funcional al de los otros, se retroalimentan. Las élites conservadoras agitan banderas del “terrorismo” cada vez que se cuestiona el sistema (inscribiendóse de esa manera en la “memoria salvadora” (Degregori una vez más); los neosenderistas responden a ello, diciendo que no sólo fue eso, terrorismo, sino “guerra” y esa oportunidad es aprovechada para seguir vigentes aún en contra del principio de realidad, porque no tienen mucho que negociar. La cuestión de su participación política es otro tema, aunque ligado, difícil de zanjar por el momento. Desde la historia se puede ayudar a ver mejor las cosas, y quizás esos aportes den insumos a la política.

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3 comentarios en “Gonzalo, MOVADEF y el espejo nepalés. Por: José Luis Rénique. Fuente – Ideele

  1. Estimada Lina.

    Qué es eso de “los caviares”. Es una expresión claramente derechista generada en la parte más rancia del espectro ideológico peruano.
    Me resulta extraño que una jóven como tú, recurra a ese tipo de expresiones.
    Luis Arias

  2. Sabemos que el MOVADEF “neo o pro- senderismo” intenta y reintenta inscribirse ante el JNE como un partido político y así participar en los comicios del 2016.

    Aunque el Movadef va a continuar existiendo y va a persistir en inscribirse ante el Jurado Nacional de Elecciones como organización política, deseando ocupar cargos en el interior de las municipalidades y en los gobiernos regionales, son los mismos jóvenes involucrados quienes siguen a este movimiento, ratificando su derecho de participar en la vida política del país
    tras indicar no tener vínculos con Sendero Luminoso, calificando a Abimael Guzmán como un gran ideólogo y político intelectual, para quien piden su amnistía en los diferentes medios y prensa.

    El fundador de este movimiento evita pedir disculpas y hacer mea culpa por el accionar subversivo del otrora Sendero Luminoso.

    Pues así Sendero Luminoso ha logrado limpiar en algo su imagen ante un sector desinformado o mal informado de la población, es precisamente porque el Estado hizo suyo el pensamiento “caviar”, cuya máxima expresión es el informe de la CVR, y lo convirtió en historia oficial.

    Esa política alcahuete de justificar y encubrir los crímenes atroces del terrorismo desde las instituciones del Estado es producto del pensamiento caviar.

    Los caviares se rasgan hoy las vestiduras y chillan contra el Movadef, pero el Frankenstein que pretenden negar -encarnado en Alfredo Crespo- tiene su prueba de ADN, que demuestra quiénes lo procrearon: la nefasta CVR y Sendero.
    Por donde va, Crespo blande el informe de la CVR y repite: “En el Perú no hubo terrorismo, hubo un Conflicto Armado Interno cuyas causas fueron políticas, sociales y económicas”,porque ese documento también dice, como historia “oficial”, que SL es un “partido político alzado en armas” que masacró a inocentes por “motivaciones sociales”, y que los terroristas son “luchadores sociales” equivocados.
    También presenta a los terroristas como víctimas de la democracia agredida, inocentes y martirizados, siendo perseguidos de la democracia.

    Y por si fuera poco, recomienda que se indemnice y desagravie a los verdaderos asesinos.

    Por todos los medios posibles, y durante más de 11 años, los peruanos hemos sido bombardeados con mensajes que nos dicen que esas mentiras son “la verdad”. Esto explica por qué miles han dado su firma de apoyo a la inscripción de Sendero Luminoso como partido político legal.

    Felizmente, valientes funcionarios del Registro de Organizaciones Políticas denegaron semejante despropósito, dejando en claro que no se puede legalizar un partido con ideología terrorista.

    La historia ademas de manipulada por los mismos medios, promoviendo películas, libros, obras de teatro, exposiciones de arte y otras expresiones culturales con las que han pretendido convertir a la fuerza mentiras en “verdades” que martirizan a Sendero y al MRTA, y presentan a la democracia como un sistema violador de derechos humanos.

    La memoria de las víctimas del terrorismo y la dignidad de nuestra nación exigen que este gobierno y todas las fuerzas democráticas del país depongan sus diferencias y se unan para acabar con esta farsa.

    Si no lo hacen, el terrorismo seguirá avanzando al amparo de la historia “trastocada”, rumbo a su objetivo final, repetir el baño de sangre de hace 20 años, porque éste es el único camino que conoce para llegar el poder.

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