Fallece la socióloga Anna Alabart, luchadora de los barrios barceloneses. Joaquim Sempere / Andres Naya / Gemma Vilà. El País – Ciencias. 2 ENE 2013

Promovió la introducción de la materia urbanística como asignatura universitaria

 
Anna Alabart

En la madrugada de la pasada Navidad falleció en Barcelona Anna Alabart a los 70 años. Era catedrática de Sociología Urbana en la Universidad de Barcelona. Economista de formación, se dedicó a la sociología. Poco partidaria de lo que llamaba “compartimentos estancos”, tuvo una mirada transdisciplinar en su amplia actividad de investigación. Veía la ciudad como una realidad en que se anudan lo económico, lo político, lo arquitectónico, pero también las múltiples relaciones entre sus habitantes. Preocupada por las desigualdades sociales —cuyo incremento reciente la obsesionaba—, analizó y denunció los mecanismos por los que la construcción del espacio urbano genera dinámicas que las favorecen. Defendió un modelo de ciudad equilibrada y sostenible, que fuera a la vez urbs y civitas,es decir, espacio de ciudadanía. Como señaló su esposo, Miquel Caminal, en la ceremonia de despedida, sus fechas políticas estelares eran el 14 de julio de 1789 y el 14 de abril de 1931.

Su actividad intelectual ha estado íntimamente ligada al activismo social. Orientó su compromiso en la lucha antifranquista hacia el trabajo en los barrios. Militante del PSUC, fue la primera firmante de un escrito al Gobierno Civil solicitando en 1974, bajo la dictadura, la legalización de la Asociación de Vecinos Esquerra de l’Eixample. Más allá de esta asociación, reforzó la federación barcelonesa de asociaciones vecinales (FAVB) con charlas, artículos y debates de todo tipo.

También participó como experta de la FAVB, tras las primeras elecciones municipales democráticas, en la elaboración —mediante un proceso participativo de las entidades de los barrios— del plano de los barrios de Barcelona, el primero que tuvo la ciudad, que fue determinante en la configuración de los nuevos distritos. En el contexto de los Juegos Olímpicos de 1992 encabezó un equipo al servicio del movimiento vecinal para definir e impulsar “la Barcelona de los barrios”, con miras a combatir desigualdades y desequilibrios, más allá de una visión de la ciudad como escaparate. Apoyó, en aquellos mismos años, la aparición de la revista Carrer, a la que aportó ideas y decenas de artículos. La revista, hoy bimestral, sigue publicándose 20 años después.

En su vertiente académica cabe destacar su papel en la introducción de la Sociología Urbana como materia en la Universidad de Barcelona, sus numerosos estudios aplicados y la dirección de proyectos de investigación. Constituyó el grupo de investigación Territori, Població i Ciutadania, del que fue directora entre 2005 y 2009. Su tesis doctoral (Los barrios de Barcelona y el movimento asociativo vecinal, de 1982), ilustra la idea que defendía la Universidad como institución al servicio de la sociedad y, en particular, de los más vulnerables. Ese trabajo le valió el Premio de Investigación Ciutat de Barcelona 1983.

La trayectoria universitaria de Alabart fue intensa en todas sus etapas. Se implicó no solo como investigadora y docente, sino también en cargos de gestión. Con optimismo y tenacidad se esforzó por mejorar la Universidad y garantizar su calidad como institución pública al servicio de lo público. Quienes han colaborado con ella coinciden en calificarla como persona generosa, curiosa, imaginativa y entusiasta.

También le gustaba trabajar en equipo, como constatan amigos y colaboradores: se ganaba en seguida la estima de sus allegados personales y profesionales y lograba implantar un clima de cooperación. A la vez que investigadora, era una docente vocacional que se ganaba a su alumnado por su respeto y su capacidad para transmitir la curiosidad, el espíritu crítico y el entusiasmo por el conocimiento. De cada persona tendía a destacar lo positivo. En la vida, a veces conflictiva, de la Universidad, tendía a ponerse en el lugar de los demás, incluidos los adversarios o discrepantes: era persona de concordia.

Su muerte prematura en un momento de plenitud y dinamismo intelectual, además de ser un golpe para sus numerosos allegados y amigos, es una pérdida muy sensible para la vida intelectual del país y para “la Barcelona de los barrios”.

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