Los trabajadores que fabrican nuestra ropa van a seguir muriendo. Por: Lucila Rodriguez-Alarcon | 09 de mayo de 2013

Fuente: El País

Blog: 3500 Millones. Ideas irreverentes contra la pobreza

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Rescatistas trabajan en la zona del derrumbe. / ANDREW BIRAJ (REUTERS)

¡Qué agorera!, pensarán algunos. Ya. Pero es tan triste como cierto.

Hace unos días se desplomaba el edificio de Bangladesh que hoy ya lleva 700 muertos en su cuenta. Por fin una noticia que impresiona a los medios que se tomaron el tema con bastante calma al principio, quizás porque entre los escombros aparecieron etiquetas de varias marcas españolas. Hemos necesitado un primera cifra de 500 muertos para llamar la atención. Las tragedias valen más que mil palabras, valen más que varios años de campaña de ropa limpia3 años de entradas recurrentes en este blog denunciando este tipo de situaciones.

Ahora crecen los muertos día a día, pero el interés evidentemente decrece. Y seguirá decreciendo, ya que no hay dolor que cien años dure. Las marcas de ropa seguirán fabricando en zonas francas, a través de intermediarios, y nosotros seguiremos comprando mucho y barato porque nos gusta y porque tampoco tendremos muchas alternativas a ese tipo de consumo de fácil acceso, todo sea dicho.

La tragedia es tan concreta que algunas marcas dejarán de producir en Bangladesh, porque seguramente mucha gente dejará de comprar ropa fabricada allí. Pero las marcas se trasladarán, ¡será por sitios donde exista explotación laboral! Imagínense que hasta hay unas zonas llamadas ‘francas’, limbos legales donde los derechos laborales no existen. Si me apuran, podrían producir ropas hasta en barcos, como se hace con las gambas peladas.

En fin, que la muerte ajena da un poco de combustible a las causas perdidas, pero no suele cambiar mucho. Jose Esquinas dice siempre que si el hambre fuera contagiosa ya habríamos acabado con ella. Pasa lo mismo con el trabajo esclavo. Y no se trata aquí de un tema de pobres y ricos, no es eso. Estoy hablando de solidaridad en general, del concepto de “otro” frente al de “yo mismo”. Miren, recuerdo la crisis de la vaca loca en la que estuve inmersa cuando trabajaba como lobista en Bruselas. Al principio, en el 96, todos los que se ponían malos con el Creutzfeldt-Jacob eran ingleses, todas las muertes concentradas en la isla, ninguna en el continente. Y ahí estuvimos, mareando la perdiz, cerrando el acceso a la carne inglesa y tal y cual. Pero en 2001 hubo un repunte y empezaron a caer los franceses, y seguido muchos otros ciudadanos de toda Europa. Por arte de muerte colectiva, inmediatamente la Comisión Europea empezó a tomar medidas de urgencia en la cadena de producción y consumo. El resultado de la segunda crisis de la vaca loca fue una gran Bretaña cada vez más vegetariana (medidas propias de los más afectados) y una producción cárnica más controlada (medidas colectivas), ya no dejamos que las vacas se alimenten de otras vacas muertas, lo cual es un buen resultado. Tuvieron que morir unas 100 personas de las nuestras.

Pero en Bangladesh no hay ninguno de los nuestros, así que hay pocas opciones de que la Comisión Europea imponga barreras a la ropa que se produce con trabajo esclavo. Esto me lleva a suponer que o se cae otro edificio o en dos semanas este tema se habrá olvidado (me comprometo a recordarlo en este espacio). Y el resultado esperable de esta catástrofe de Bangladesh será que algunas organizaciones no gubernamentales aprovecharán el tirón para acelerar los acuerdos de buenas prácticas con ciertas marcas. Aparte de eso, cada vez serán más los intermediarios que utilizarán para que no les puedan señalar con el dedo mientras siguen siendo marcas competitivas en un mercado disfuncional donde prima la cantidad sobre lo humano y lo divino.

Pero -como dicen mis admirados creativos de viern.es– las injusticias se solucionan una a una, paso a paso. Así que si ustedes se quedan con esa sensación de “algo tiene que haber que yo pueda hacer”, pues les recomiendo que visiten mi manual de activismo diario a su medida. A lo mejor uno a uno, haciendo un “todos”, conseguimos cambiar las cosas.

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